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Las cartas del Abuelo Pascasio: una quintita en Avellaneda

Las cartas del Abuelo Pascasio: una quintita en Avellaneda

martes 01 de diciembre de 2015, 09:05h

Muy querida nieta Cristina:

Lo primero que te quiero comunicar es que acá arriba seguimos firmes en la agrupación Cristina da Fonsagrada. Somos gente de fiar. A nosotros no nos compran con un par de globitos amarillos. Vamos a continuar celebrando nuestras reuniones semanales para hablar de nuestra vida terrenal en nuestra segunda patria del sur. Podés contar con los abuelos emigrantes para explicar a los “alma podrida” los logros de un gobierno que los dignificó al hacerlos partícipes de su futuro.

Es triste que una diferencia de 679.048 votos quemen todo lo construido. Ahora el lindo cambio es que el 1% de la población aumentará su actual gran riqueza monetaria y patrimonial. Estamos calientes pero no desmoralizados. Vos aguantaste como una valiente nieta de Galicia a pesar del ataque constante de la mafia macrista. El nuevo gobierno es flor de un día al no tener abono natural en sus raíces; está pichicateado pero es bien sabido que la euforia dura poco cuando es producida por substancias ajenas a las creadas por el propio organismo.

En las elecciones legislativas del año 2017 se confirmará en la urnas que el Frente para la Victoria es el más fuerte y sólido partido de la República Argentina. En nuestra agrupación le estamos dando vueltas a una propuesta de un grupo de compañeros que desean la unión con “La Néstor Kirchner”. Son admiradores del empuje ganador que imprime a la militancia el gran Guille Moreno. Lo preocupante es que en dos años, estos degenerados macristas, hundirán el país con el vaciamiento de las arcas públicas para beneficio particular. Los gallegos creemos en las “meigas curandeiras” pero no ponemos ninguna fe en los globitos que se lleva el viento. Ayer, con Menem and Company, sufrimos unas terribles úlceras en cuerpo y espíritu.

Quiero comentar contigo algo que tiene bastante deprimido. Me duele mucho ver que el procesado presidente va a acabar con un símbolo del esfuerzo emigrante en la Argentina al imponer la nueva dieta macricida. Me estoy refiriendo a las 900.000 huertas familiares que impulsó Alicia desde el ministerio de Desarrollo Social. ¿Sabés de lo que me acordé? Mi vino a la memoria la visita de la hermana de Néstor a la aldea de Mazaeda. A lo mejor se inspiró en las hermosas huertas de tus primos para trasladar acá el tener siempre a mano unas frescas lechuguitas y unos tomates para una ensalada. Ahora miles de huertas desaparecerán al venirse la importación entusiasta de papas del exterior --¡no se puede creer!-- como en tiempos del terrorismo neoliberal que liquidó a los productores locales.

Los emigrantes siempre quisimos tener una quintita. Si vas por Avellaneda, ejemplo de grandes laburadores, detectarás que la casa es de un gallego por el limonero que tiene en el centro del jardincito del frente. Al fondo, con un poco de suerte, te encontrarás con una docena de verdes plantas de pimientos, aclimatados a la humedad porteña, originarios de la parroquia padronesa de Herbón. No encontrarás ni melones ni nabos ni zapallos porque son el alimento básico que demanda el adepto a la dieta macricida. Por cierto, tiene similitud con la de los chanchos en Galicia.

Me despido. Vos, quedáte tranquila, cumpliste con tu deber patriótico. Algunos no lo reconocen porque “han votado a sus verdugos” como bien dice el historiador “gayego” Fernando Abel Maurente. Recibí el cariño del viejo fonsagradino que recuerda el cómodo rincón porteño donde un matecito nos unía en hermandad solidaria.

Pascasio Fernández Gómez

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