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Las primeras letras del tango.

Las primeras letras del tango.

Por Manuel Suárez Suárez
jueves 06 de junio de 2024, 09:59h

Los tangos más antiguos (antes del año 1900) tenían su letra aunque era un texto improvisado y de carácter secundario ya que en aquel momento el tango era, fundamentalmente, una danza.

Los parroquianos de las academias y peringundines inventaban letras, casi siempre obscenas, que no eran muy adecuadas para su interpretación en locales públicos. Pero como bien decía José Gobello para que toda esta sub-literatura pudiese “asomarse al varieté” debe tener una presentación decorosa y para eso el tango echó mano de la forma literaria del cuplé. Si analizamos las letras de Villoldo (Ángel Gregorio Villoldo Arroyo, 1861-1919) vemos que tienen una clara estructura cupletística y también mucha similitud en la temática.

La tradicional chulería de los cuplés hispánicos se convierte en las orillas rioplatenses en la forma en que sacaban pecho o hacían pinta los precursores compadritos arrabaleros. En Madrid la famosa Pastora Imperio cantaba “Yo soy la flor y nata de los Madriles” y en Buenos Aires, Lola Candales que era bailarina y tiple, canta “Yo soy la Morocha, la más agraciada”. A la letra de Villoldo le puso música el compositor y pianista Enrique Saborido (1877-1941) que aunque nacido en Montevideo, estaba desde los cuatro años en Buenos Aires. Saborido, como bien nos indica su apellido es otro meritorio descendiente de la emigración gallega.

Yo soy la Morocha;

la más agraciada, ,

la más renombrada

de esta población. .

Soy la que al paisano

muy de madrugada

brinda un cimarrón.

Yo soy la Morocha

de mirar ardiente

la que en su alma siente

El fuego de amor

Soy la que al criollito

más noble y valiente

ama con ardor.

Yo, con dulce acento,

junto a mi ranchito

canto un estilito

con tierna pasión;

mientras que mi dueño

sale al trotecito

con su redomón.

En mi amado rancho

bajo la enramada,

en noche plateada

con dulce emoción

le canto al pampero,

a mi patria amada

y a mi fiel amor.

Soy la Morocha argentina,

la que no siente pesares

y alegre pasa la vida

con sus cantares.

Soy la gentil compañera

del noble gaucho porteño,

la que conserva la vida

para su dueño.

Soy la Morocha argentina,

la que no siente pesares

y alegre pasa por la vida

con sus cantares.

Soy la gentil compañera

del noble gaucho porteño,

la que conserva el cariño

para su dueño.

Cuando el tango era solamente una danza, el sentimiento iba en la coreografía pero ahora se le agrega un interés por sumergirse en la historia que nos cuenta el texto literario. El poeta Cátulo Castillo (Ovidio Cátulo González Castillo, 1906-1975) encuentra una explicación para este cambio que dice se justifica por razones musicales. El tango de las orquestas de principios del siglo XX estaba interpretado por instrumentos ágiles (flautas, guitarras, violines) que hacían del tango algo muy vivo pero cuando entra en el tango el bandoneón y también algunos músicos del Conservatorio, los tangos van más despacito. Son más lentos y posibilitan un hueco para el cantor. El antropólogo uruguayo Daniel Vidart ( a quien conocí en Montevideo en la sede del Patronato da Cultura Galega) sostiene que el proceso fue distinto y que el tango se hizo más lento para poder escuchar a la palabra humana. Para Vidart fue el instrumento el que se tuvo que adaptar a la voz humana y así es que el tango-canción llegó a convertirse en en vehículo de expresión del pueblo rioplatense. En mi opinión, creo que el cambio tuvo lugar por la fuerza emigrante ya que son nuevos tiempos en los muelles de los puertos de Buenos Aires y Montevideo.

Antes del masivo desembarco de europeos en las primitivas orquestas tocaban casi exclusivamente los ciudadanos nativos (en su mayoría negros y mulatos) pero ahora los que tocan en las orquestas son hijos de Génova, Nápoles o A Coruña. La mejor prueba del cambio está en el nuevo instrumento (el bandoneón) que se incorpora para marcar el ritmo del tango hasta la actualidad. El asentamiento de miles de extranjeros modifica la composición demográfica de Argentina y Uruguay. Ahora la población mayoritaria tiene origen europeo y ello lleva a la imposibilidad de que el tango quede anclado como pieza de museo. La sangre de los recién llegados lo modelan a su gusto con el aporte de emociones y nostalgias (morriñas) que le irán dando un nuevo estilo o forma a una creación cultural que en el año 2009 fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Si analizamos las letras del tango cantado enseguida vemos que hay dos etapas bien diferenciadas: a) antes de Pascual Contursi; b) después de Pascual Contursi. Este inspirado creador era descendiente de la emigración itálica (sus progenitores eran de Salerno en la Regione Campania) y hace historia cuando, en el año 1917, escribe unos versos para la pieza musical Lita de Samuel Castriota. El gran mérito de Contursi es reconocido por todos los investigadores y así lo expresa el argentino Horacio Salas: “Contursi puede ostentar con justicia el título de inventor. Mi Noche Triste marca la génesis del tango-canción. Fue quien al transformar una simple danza en crónica, reseña, estampa, permitió que un ritmo se convirtiera en cauce literario donde aquellos que carecían de voz manifestaran sus dolores, frustraciones y angustias, con sencillez. Contursi, al permitirse incluir sentimientos, al aceptar que el protagonista llorase sus pérdidas, sensibilizó al tango, lo despojó de máscaras, lo humanizó”.

Manuel Suárez Suárez

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