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El mar de las Malvinas en junio

El mar de las Malvinas en junio

lunes 04 de junio de 2018, 17:03h

Sean bienvenidos a este espacio espiritual en el mar de las Malvinas. Hoy celebramos nuestra sexta reunión anual acá en mi definitivo hogar argentino. Los veo bastante abatidos. Están interiorizando que el gobierno, o mejor dicho el desgobierno, no quiere sacar el submarino a la superficie. Es insoportable ver como se le miente a los familiares que siguen con manifestaciones en Mar del Plata y en Buenos Aires con una gran pancarta en el frente: Los esperamos siempre. Escuchar al sinvergüenza del ministro Aguad decir que “seguiremos haciendo todos los esfuerzos por encontrarlo y traer a sus 44 tripulantes de vuelta” es una puñalada. Les pido no derrumbarse. Hay miles de ciudadanos honrados que no se callan. Me duele ver el sufrimiento de la madre de Fabián Cisneros que viajó desde Jujuy para estar en la protesta en Mar del Plata: Nosotros pedimos como siempre que no dejen de buscarlos para que que finalmente se pueda saber qué es lo que pasó. Estoy viendo las lágrimas de impotencia en los ojos de Fabián. Es triste no poder decirle a tu vieja querida que nunca los buscaron y que Macri es el encubridor del hundimiento de una unidad de la Armada por parte de los piratas que ocupan las islas Malvinas.

Los altos mandos de la Armada son fieles macristas, es decir, gente sin honor. Bueno, creo está todo dicho si votaron a Macri. El gran Francisco de Quevedo decía que “donde hay poca justicia es un peligro tener razón” que aplica perfectamente a la actual situación. Un sector del poder injudicial exonera a Macri de todos los delitos pero a vos te mete en cana si pegás un papelito en una pared en el que ponga, por ejemplo, Macrigato o Maurimachirulo. Lo digo porque en la Armada andan con el cuentito de que el submarino estaba en “malas condiciones de navegabilidad”. Son malas personas. Hacen lo que sea para seguir cobrando el sueldo. Es evidente que son insensibles al dolor de los familiares. Les importa un carajo todo lo que no sea enganchar guita fácil. Esto sucede porque varios miles de infelices resentidos de la clase media envidiaban al vecino que estaba mejorando su nivel de vida. Ustedes le dieron el salvoconducto para pegarle al que menos tiene al optar por un contrabandista para poner al frente de un equipo de empresarios especuladores. Saramago decía que la peor ceguera es la mental que hace que no reconozcamos lo que tenemos delante.

La mayoría de ustedes repetía las boludeces de los medios de comunicación sobre lo mal que estaba todo. El dólar a 10 pesos era una barbaridad. Dentro del grupo de descerebrados que negaba el bienestar teníamos a los panaderos. Vendían mucho. Había consumo. Compraban unos cientos de dólares a fin de mes. ¡Querían un cambio! Lo consiguieron pero implica cerrar la panadería al no poder pagar las tarifas. Antes elaboraban 50 bolsas de harina al día y pagaban de gas unos 54 pesos por 100 metros cúbicos. Ahora amasan unas 20 bolsas con el gas a 706 pesos. La verdad es que cambiaron pero se olvidaron de que su negocio depende, además, del precio del trigo. Antes la bolsa de 50 kg costaba 250 pesos y ahora anda en los 750 pesos. Sorprende tanta imbecilidad. El que las sabe todas fue engañado por un alegre jodedor que lo dejó sin futuro. Lo más curioso es ver que muchos votantes macristas desconocen la razón de estar en la lona. Se le ríen en la cara pero no se enteran. La desgobernadora Vidalita dice que ir a la universidad es para ricos y lo acepta. Piensa que está dentro del sector de arriba aunque es uno de los que se afana la luz con un enganche clandestino en Nuevo Quilmes.

Bueno, dejemos al impresentable de don Mauricio. Vamos a relajarnos un poco. Tengo unas sardinas en la parrilla para festejar mi añorada fiesta gallega del San Xoán. Primero son las sardinas y después les voy a pedir que salten la fogata, tres veces, para ayudar al alejamiento de las energías negativas. En mi querido Fisterra, las sardinas se acompañaban con broa (pan hecho solo de maíz o con un poco de centeno) y al saltar había que gritar: Meigas fóra! Acá el que quiera puede gritar ¡Macri fuera! o pedir salud para la familia. Les agradezco que me honren con su presencia en mi humilde hogar malvinense. ¡Vamos a morfar!

Manuel Suárez Suárez

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