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Amigos

Por Enrique Szewach
martes 06 de diciembre de 2011, 00:56h
Como le vengo comentando hace unas cuántas semanas, el modelo "Fiesta populista para todos", que caracterizó al kirchnerismo en estos años, llegó a su fin.


Logró su cometido: ganar elecciones y consolidar un poder basado en una "militancia de la caja" y en un "apriete con la caja", pero, como todo programa basado en crecimiento artificial, se está quedando sin aire.


El gobierno decidió recuperar parte de ese aire perdido, discontinuando el esquema de "subsidio para todos", para limitarlo a los sectores de menores recursos.

En principio, es la primer medida "progre" en muchos años, pero sólo si los fondos recaudados sirven para reordenar la macro, reduciendo la emisión del Banco Central, o, dicho más técnicamente, permitiendo que el Banco Central encare una política monetaria más acorde con el objetivo inflacionario-cambiario, que con el de financiar al Tesoro.

Lamentablemente, las "pistas" surgidas de declaraciones de funcionarios públicos del más alto nivel. ("No habrá metas de inflación". "Usaremos los fondos de los subsidios para hacer obra pública"), ponen en "pausa" esta esperanza progresista.

Da la impresión que el impuestazo a la clase media, más que para ordenar la macro, servirá para encarar, al menos parcialmente, nuevos programas de "gasto para los nuestros y los amigos". Veremos.


Sin embargo, la cuestión de conseguir los pesos para sostener, al menos parcialmente, la explosión de gasto público de los últimos años es sólo una parte del problema.


Una porción de la expansión artificial del consumo se "importa".

Es decir, hacen falta dólares para sostener estos niveles de consumo.

Hasta ahora, esos dólares lo proveyeron las exportaciones de commodities y derivados, gracias a la buena producción local y a los buenos precios globales. Y algo de financiamiento externo obtenido por Provincias y obtenido por empresas.

Pero los árboles no crecen hasta el cielo. La producción agroindustrial tiene un techo de corto plazo, en especial bajo este sistema de desincentivo a maximizar y diversificar la producción, creado por el marco institucional, las retenciones y restricciones discrecionales y arbitrarias varias para exportar y, además, ahora hay que financiar importaciones crecientes de energía. (En cinco años, pasamos de exportar 6000 millones de dólares a importar 4000, es decir un cambio de 10000 millones de dólares).

Ello, sumado a la dolarización de portafolios de los privados, y a la necesidad de usar las reservas del Banco Central para pagar deuda externa en dólares.

Este combo es el que terminó con 20 años largos de libre convertibilidad del peso.

El Banco Central ya no tiene reservas de libre disponibilidad (las que "sobran" después de respaldar la Base Monetaria, medida en dólares), y se ha impuesto un control de cambios, más que arbitrario. (AFIP, más llamadas diarias a exportadores e importadores para que apuren o demoren operaciones en divisas y a empresas para que no giren dividendos u otros compromisos en dólares. Encareciendo y poniendo en riesgo producción, cadenas de provisión y pago, etc.).


En síntesis, la sintonía fina luce clara. Fin del subsidio para todos, para conseguir pesos y mantener el nivel de gasto público, al menos parcialmente. Y control de cambios de diversas formas, para conseguir los dólares. El resto del problema de "pesos", si persiste, será emisión del Banco Central y el problema de dólares ajusta, como siempre, con menor nivel de actividad (menos importaciones) y, eventualmente, mayor deslizamiento del tipo de cambio, en algún momento.


Pero queda un "pequeño" problema adicional, no menor.

El crecimiento económico, la riqueza del país, depende de la inversión privada. Y la inversión privada está íntimamente ligada con la rentabilidad, la provisión de energía, la inserción global, la infraestructura de todo tipo disponible y, por supuesto, el marco institucional.

Todas estas variables "juegan en contra", salvo, insisto, para los amigos. (De allí la desesperación de todos por saber quiénes serán los nuevos funcionarios, o la insistencia de que se queden los "viejos" que ya son malos conocidos).

Para el objetivo inversiones, la idea de usar la "desaceleración nominal" de salarios y precios, con un acuerdo social, como "sustituto" de todo lo demás, y complemento del programa de "gasto para los nuestros", es interesante pero, lamentablemente, poco eficiente
 
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