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Catastrofismo mediático

Quedan aún los flecos, más numerosos de los que pensamos, pero atrás quedan aquellos ánimos y solidaridades con los huelgistas que al inicio de los paros se les daba a los transportistas desde algunas emisoras de radio, periódicos y cadenas de televisión con la intención, dividida, de aumentar la audiencia y darle un palo al Gobierno que, utilizando un simil taurino, anda suelto por la plaza mientras la cuadrilla del PP sólo se dedica a darse puyazos tras el burladero.

¿Qué es eso de que nuestros gobernantes no digan lo que nos hemos empeñado en proclamar?. ¿No hemos dicho los periodistas que hay crisis. Pues la hay y punto. Y si sale un tertuliano y dice que para la economía es vital mantener la confianza, se le lee el Financial Times, se manejan cuatro estadísticas catastrofistas y se pregunta en antena a alguien que esté pasándolas canutas. Si Sollbes sale diciendo que no se cree los pronósticos pesimistas de la OCDE, que ha fallado en otras ocasiones al tirar por bajo las previsiones oficiales, se considera que está anestesiado o dormido.Porque lo importante para algunos parece ser solazarse de lo mal que va todo y, sobre todo, de lo peor que va a ir. Es como ese personaje que siempre dice "esto va cada vez peor" y cuando realmente las cosas se tuercen extiende los brazos y dice "ves, ya lo decía yo".

Pues con la huelga del transporte ha pasado algo parecido. El lunes se nos bombardeó con las razones justificadas que tenían los huelguistas -incluso se animaba velamente a otros colectivos como los taxistas a seguir el ejemplo- y pasaron casi desapercibidas las opiniones de quienes advertían que la principal demanda de los huelguistas -la tarifa mínima de la gasolina- no se puede aplicar porque está prohibida por Europa.

El martes, la opinión pública forzó a los medios a poner su objetivo sobre  la conculcación de los derechos ciudadanos por parte de quienes en ese momento impedían el abastecimiento de alimentos y materias primas y cortaban las carreteras, cortes en los que desgraciadamente murió una persona.

El miércoles ya se pedía mano dura contra los piquetes, en especial desde que se supo que en el incendio de varios camiones un conductor que dormía en el vehículo había resultado con quemaduras graves, y el jueves los medios hablaban de 'cierre patronal' y se tachaba de recalcitrantes a quienes el  lunes anterior se había alentado por no plegarse a un acuerdo que ya había firmado con Fomento el 88 por ciento restante.

Muchas veces los medios de comunicación no nos damos cuenta del poder de nuestra palabra. No podemos alimentar a la bestia y luego quejarnos de que ésta nos está devorando. En vez de repetir hasta la saciedad lo mal que nos va a todos o de hacer polémicas estériles sobre la jornada máxima de 65 horas como si se fuera a aplicar mañana en España, más valdría que, en vez de causar alarma, dejáramos de propagar el pánico para que los ciudadanos compren kilos y kilos de comida como si viniera una guerra. Total, lo único que conseguimos con ello es que, seguramente, una parte de la comida acabe en la basura y se incremente un poco más la inflación de este mes. Así podrán nuestros pesimistas oficiales asegurar: "Ves, ya lo decía yo".
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