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El mes de diciembre en Buenos Aires

El mes de diciembre en Buenos Aires

viernes 13 de diciembre de 2019, 17:46h
Doña Macrigaita está recordando aquellos calurosos meses de diciembre de su infancia y juventud. Antes el sol calentaba cuando tenía que calentar pero ahora es un relajo con el clima. Un día te arrastra el viento y otro se nubla y otro cae tal cantidad de agua que necesitás un salvavidas para salir a la vereda. En este mes la madre repetía siempre que no se acostumbraba a una Navidad con ventilador y a una cena en la que no podía faltar una fuente grande de ensalada con lechuga, tomate y un poquito de cebolla. El padre recordaba refranes de la aldea que hacían referencia al inverno: “O día de Santa Lucía mingua a noite e medra o día”, “Nadal mollado e xaneiro ben xeado”, “Nadal choivoso, xaneiro ventoso”.

En estos días posteriores a la asunción del nuevo presidente le anda dando vueltas al reciente cambio en la presidencia del país. Está claro que se está haciendo mayor ya que los pasados cuatro años se le pasaron volando. En todo el verano no se moverá de su casa. Se llevará la reposera para el fondo y debajo de la parra se dedicará a matear para tratar de desintoxicarse de su adicción al macrismo. Reconoce que durante estos cuatro años fue una fiel devota de Macri pero se acabó. Ahora es el momento indicado para pasarse a las filas del “albertismo”, es decir, para bancar al presidente Alberto Fernández. Se arrepiente de su anterior apoyo a un falluto que la defraudó y engañó al incumplir todas sus promesas electorales.

Fue una más de las miles de jubiladas que creyeron a Macri cuando dijo que nadie iba a perder derechos y que la inflación era algo que el arreglaría para que dejar de ser un problema endémico en la Argentina. Tiene que darle la razón a su sobrina de Villa del Parque que insistía en descalificar al grupo de periodistas (ella los llama mercenarios mediáticos) al servicio del desinformador Magnetto-Clarinete que presentaron a Macri como la gran maravilla empresarial que arreglaría todos los problemas del país. Se enojaba con ella porque decía que Macri era un indocumentado que tenía por única profesión la de contrabandista.

Se siente mal porque le entristece que se haya confirmado fehacientemente que Macri, además de chorro, es un gran mentiroso que no tiene reparos en negarte lo que están viendo tus ojos. Hay que reconocerle a la prensa corrupta su exitoso labor para ponerlo en un alto pedestal y así convertirlo en el líder máximo en el aumento de la pobreza y de la desocupación laboral en la Argentina. Yo no entiendo nada de política y menos de economía pero algo no va bien cuando en el barrio ves bajar la persiana al carnicero, al panadero y al pizzero de la esquina. Algo no funciona cuando cierran cientos de comercios y fábricas, a pesar de la entrada de millones de dólares en préstamos. Antes se movía la guita y las tarifas de agua, gas y luz eran muy razonables. Yo veía que no me alcanzaba la plata de la jubilación y tuve que dejar de comprar mi queso preferido pero era incapaz de relacionar mi escasez y mi pérdida de poder adquisitivo con la acción del gobierno. Era una boluda pero aunque un poco tarde, me avivé.

Doña Macrigaita se alegra de que vuelva al Ministerio de Salud Pública el “gayego” Ginés. Es una persona honrada, competente y con experiencia probada en la muy difícil tarea de recuperación de los abandonados servicios públicos de asistencia médico-hospitalaria. A lo mejor con Ginés se puede arreglar el tema de la donación del hospital del Centro Gallego de Buenos Aires. Los emigrantes construyeron en la esquina de Belgrano y Pasco para que fuese heredado por sus descendientes argentinos. Si es una empresa privada la que se aprovecha del esfuerzo emigrante, es evidente que se está incumpliendo con la voluntad de los sudadores y sudadoras que cruzaron el mar para hacer un nido en las orillas del Plata. Tiene pensado ir a ver al ministro. Lo primero será preguntarle por sus orígenes familiares (¡mirá si coinciden con los suyos!) y luego le pedirá que tenga en cuenta el importante valor patrimonial que los gallegos pueden y deberían de aportar mediante una donación. Es lo más justo para ayudar al mejoramiento de la sanidad pública en el país que abrió sus puertas a todo gallego que buscase labrarse un futuro en la noble y generosa República Argentina.
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