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Plan renove en la política

Plan renove en la política

Por Ismael Álvarez de Toledo

lunes 15 de junio de 2015, 12:13h
La política debe entenderse, siempre, desde una perspectiva de servicio a la comunidad. Pero sucede con harta frecuencia, que la política se convierte en una herramienta para ejercer poder frente a nuestros semejantes, sin importar la resolución de los conflictos o el bienestar que debemos garantizar a los miembros de esa comunidad. Los individuos que forman parte de la política, bien como líderes de un grupo o como representantes directos de los ciudadanos, tienen la responsabilidad de gestionar, en nombre de estos, los recursos comunitarios de una forma adecuada, sostenible y responsable.

La ética y la moral forman parte inseparable de la actividad política, de hecho, la política es la parte de la moral que se encarga del ordenamiento social de una convivencia colectiva entre ciudadanos libres, encaminada a obtener un bien común. La política es un ejercicio de solidaridad para con la gente que habita en un entorno afín, ejercido por ciudadanos que se implican en la difícil tarea de gestionar, convenientemente, los recursos colectivos para ofrecer mejor calidad de vida a sus semejantes.

El concepto que se aplica a la política tiene que ver, en suma, con las ideas e ideología con que se expresan los ciudadanos, que se reúnen, entre si, para alcanzar unos determinados objetivos. Pero cuando los encargados de gestionar los recursos públicos fallan, es lógico que sean los ciudadanos quienes tomen el relevo, ya que al fin y al cabo, son los depositarios de todos los instrumentos que permite una sociedad civilizada y democrática para su gobierno.

Lo que ha sucedido en España, este pasado fin de semana, es precisamente eso, la toma de posesión de muchos ciudadanos autónomos y desconocidos, para gobernar pueblos y ciudades donde la política ha fracasado. La política con mayúsculas, ha sucumbido al todopoderoso enemigo del capital. Ese capital apátrida que no entiende de ética, de moral, de sensibilidades, de humanidad. La política entendida de manera profesional, ha rozado el filo de lo imposible, ha colmado todos los vasos inimaginables de la cordura, y se ha vuelto ciega, sorda y muda, ante los pilares básicos de la sociedad; el pueblo. Por lo tanto, no se podrán exigir responsabilidades a los que lo hagan mal, la responsabilidad última es de quienes han permitido que los “aficionados” ocupen el lugar de los profesionales, incapaces de frenar la corrupción, de procurar el bienestar social y de recortar los derechos básicos de los ciudadanos, recogidos en la Constitución, que un día juraron para no cumplir.

Es tan grave el error, tan siniestra y trágica la solución a esta crisis económica propiciada por los poderes económicos internacionales, y sostenida por los gobiernos, que pasarán al menos veinte años para que los ajustes que ahora se están haciendo tengan resultados aceptables. De lo que si están seguros la mayoría de analistas económicos, es de que el estado del bienestar, del que hemos disfrutado las generaciones actuales, no volverá a repetirse, muy probablemente, en varios siglos de historia.

La política tradicional ha tocado fondo. Los corruptos y miserables que han delinquido y medrado, no sólo han hecho un daño irreparable a la imagen de los políticos, en general, sino que han puesto en ascenso a toda clase de elementos, que pueden hacer más daño que bien, en este complejo plan renove que han solicitado los ciudadanos.

No soy partidario de las políticas del miedo, tampoco de los mensajes catastrofistas que se lanzan a diestro y siniestro, tanto desde algunos medios de comunicación, como desde las bambalinas de los partidos políticos que más han perdido con el cambio. Tengo confianza ciega en que nuestra joven democracia tiene la madurez perfecta para ser degustada en profundidad, como si de un plato novedoso y complejo se tratara. Y por seguir con el símil culinario, considero que la cocina de fusión que se nos viene encima, no tiene por qué desmerecer del menú tradicional, al que tantos años hemos estado sometidos, siempre que se escoja una buena materia prima, y se añadan los ingredientes con una rigurosidad absoluta.

Estamos abocados, irremediablemente, al cambio, a ese plan renove condicionado y necesario. Tenemos que superar la idea de que la política, a partir de ahora, es y será fruto de pactos y decisiones excéntricas y sectarias, pero siempre con el aval de los ciudadanos por delante. El tiempo de los pueblos asilvestrados ha pasado, el momento del cambio y recambio es ahora, y cuanto mejor lo entendamos todos; políticos y ciudadanos, antes podremos iniciar el plan renove en la política que nos ha puesto en esta difícil e irreverente situación.


Ismael Álvarez de Toledo
periodista y escritor
http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

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