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FIFA, AFA, Fútbol para todos

martes 02 de junio de 2015, 03:01h
La Asamblea de la FIFA que eligió a Blatter fue una provocación a millones de personas que, en todo el mundo, creen en el valor de la decencia y el respeto a las leyes.

Las palabras del elegido, antes y después de la Asamblea, reiteraron esa agresión. Su connotación fue, ni más ni menos, que aquella recordada sentencia de Yabrán sobre la impunidad del poder, o las reiteradas invocaciones a “los cuarenta millones de argentinos” en cuyo interés –presumiblemente- se gobierna, mientras se reiteran epítetos despectivos destinados a quienes –más o tan argentinos como los invocantes- se sienten asqueados por la manipulación de la información pública, el ocultamiento de negociados y la negación de la verdad.

¿Hay relación entre estas circunstancias?

Una línea continua las emparenta: el desprecio a la palabra, la indiferencia ante los valores y la banalización de las normas. Y por sobre todo, la gigantesca corrupción.

La Asamblea de la FIFA no mostró muchas diferencias a las decisiones automáticas del parlamento, donde personas alineadas por intereses personales “legislan” normas que disponen sobre las conductas obligatorias para los demás con la mayor indiferencia por sus consecuencias, cerrando en lo posible cualquier debate abierto y transparente en el que la desnudez de sus objetivos quede expuesta ante la mirada de la honestidad de los hombres y mujeres comunes.

Los medios han mostrado en estos días lujosos palacios, ostentosos pisos y sofisticados centros de veraneo en las zonas más caras del mundo financiados con la corrupción de flujos de dinero relacionado con el poder, al estilo del “Fútbol para todos”, que traía de inmediato a la memoria la proliferación, en el país, de enriquecidos a alta velocidad, costosos “countrys” y oscuras cuentas ocultas tras estrambóticas ingenierías financieras inexplicables desde la perspectiva de un empresario que necesite honestamente hacer funcionar una fábrica, hacer producir un campo o montar una empresa de alta tecnología.

Para muchos es asqueante. Para otros es triste. Para ellos, ni siquiera es vergonzoso, ya que esa virtud –la de la vergüenza- ha quedado tan perdida en el camino que hasta cuesta pensarlos merecedores de la calificación de cínicos.

Es que los cínicos tienen conciencia del disvalor que desafían. Son audaces pero saben que lo que hacen o dicen, no debe hacerse. La alegre displicencia de los argumentos con que se defienden estos hechos, por el contrario (“No noto que haya corrupción en el fútbol”, o "En líneas generales, en la mayoría de los ámbitos del mundo y de la historia y de la vida, hay gestos de corrupción", por ejemplo) más bien denota la pérdida hasta del sentido del ridículo.

FIFA, AFA, Fútbol para todos, son todos componentes de un armado negro de corrupción profunda tan grosero que no podrá invocarse ningún “progresismo”, “antiimperialismo” o manipulación de la “justicia del imperio” para escapar de la merecida sanción.

Llegaron muy lejos. Hasta es posible que no encuentren ni siquiera un Juez amigo que los salve.

Ricardo Lafferriere
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