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Libertad de expresión

Libertad de expresión

Pascual Hernández del Moral

Por Pascual Hernández del Moral.
lunes 01 de junio de 2015, 23:54h

Yo les recomiendo a los de la Comisión de Disciplina Deportiva que no pierdan el tiempo; que cobren las oportunas dietas y se vayan a echar unas copas a cualquier bar de moda. Al fin y al cabo, las pitadas no son algo nuevo, y, una vez el juez Pedraz y otra Eloy Velasco archivaron las denuncias anteriores, argumentando que los silbidos estaban protegidos por la libertad de expresión. Pues yo, con todo el respeto y con animus jocandi, no injuriandi, me cisco en los progenitores de los que, excusándose en su libertad de expresión, me han humillado silbando al himno y al rey, porque también tengo mi corazoncito y también gozo de libertad de expresión.

¿Que es necesario establecer cambios legales para intentar atajar la humillación y el escarnio? Permítanme que me ría: Cataluña se ha limpiado el trasero con sentencias de la Audiencia Nacional, del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, y del mismísimo Supremo, a propósito de lo establecido en la Constitución sobre los derechos lingüísticos; ¿quién será el ingenuo que se crea que ahora va a hacerle caso a normativas de rango inferior? El que crea que la Comisión Antiviolencia va a hacer algo pidiendo “ampliación de información” a los clubes y a la Federación, es un memo..

Dice mi santa que los dos clubes son unos inconsecuentes, porque, si no quieren a España ni al rey, ¿qué carajo hacen jugando la Copa del Rey, que antes se llamaba la Copa de España? Sería más congruente no jugar la competición, y evitar así la situación; aunque a lo mejor, la juegan para esto, para humillar a España a través de su himno, y al rey como máxima magistratura de España. Yo le digo que no se irrite, porque de la lenidad con la que los gobiernos de España, de González a Rajoy, han tratado a los nacionalistas catalanes no se podía esperar otra cosa. Y del lado que se tuerza el árbol, así crecerá si no se endereza a tiempo.

Pero no son sólo estas masas descerebradas y cobardes, amparadas en la masa, las que desprecian a España. Hoy puede verse que el ciclista Miguel Landa no se quitó la gorra cuando, en el pódium de la vuelta ciclista a Italia, se interpretó el himno nacional en su honor y en de sus otros dos compañeros españoles, que sí se destocaron. Cuando mandaba Franco, pasaba lo que se ve en la foto. No había “valientes pitadas”, sino saludos a la romana.

Recuerdo que en septiembre de 2013 unos pocos violentos ocuparon durante unos minutos la sede del centro cultural catalán Blanquerna, al grito de “Cataluña es España”, en Madrid: salieron todos cacareando, como cuando a un gallinero se acerca un zorro. Hasta diputado hubo que mojó los calzoncillos. Y los violentos cayeron, uno a uno, en manos de la policía, quizás porque eran pocos, y se decían “españoles”. ¡Ah! Y cuando un policía nacional descolgó una bandera cuatribarrada con la estrella de Cuba, y se meó en ella (y esto pasó en Calella, en marzo de este año) allí fue el griterío, el llanto, el mesar de barbas y el crujir de dientes. Dicen que esas y otras son “manifestaciones de catalanofobia”. Pero, ¿qué quieren, que los que amamos España bajemos los ojos acobardados cuando ultrajan uno de nuestros símbolos nacionales?

La situación de los presentes en el palco fue bochornosa. Nadie, ni el rey, ni Villar, ni del Bosque… nadie tuvo valor y coraje para decir algo, no sé, algo, que helara la sonrisa sardónica y sarcástica del ínclito Arturo Mas, que Dios guarde.

No pierdan el tiempo, pues, las “autoridades deportivas” De los polvos anteriores han venido estos lodos. Donde no hay autoridad todo es atropello. Y parece que vamos hacia una fagocitación de nosotros por nosotros mismos.

¿Existe España?

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