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Delito y sociedad

Delito y sociedad

Un jurado popular que juzga el “caso Tous” ha declarado no culpable al yerno de la conocida familia de joyeros, acusado del homicidio de uno de los ladrones que asaltaron la vivienda en que se encontraba. Lluís Corominas, que así se llama el acusado y ahora no culpable, argumentó que había sufrido “una amenaza real, serie e inminente” y que disparó “por el miedo que sentía”. Mientras la Fiscalía y la acusación particular pedían para él entre siete y medio y once y medio años de cárcel, salió adelante la tesis de la defensa que reclamaba la absolución.      Estamos ante un caso delicado y con muchos matices porque, si bien nadie debe tomarse la Justicia por su mano ni aplicar algo relacionado con la “ley del talión”, también es cierto que existe el derecho a la legítima defensa. Y, por desgracia, la delincuencia aumenta en España, cada día las ciudades son más inseguras, y son más numerosos los casos en que un ciudadano ha de enfrentarse al robo de su vivienda cuando se encuentra dentro de ella, o a un “secuestro-express”, o a la amenaza de un ladrón callejero navaja en mano.       Son situaciones indeseables, pero que existen, y no nos vamos a engañar confundiendo los buenos deseos con la realidad. Tampoco vamos a propugnar la venta indiscriminada de armas, como ocurre en Estados Unidos, donde los “amigos del rifle” son un poderosísimo “lobby” al que ningún gobernante se enfrenta, como no lo hace contra la pena de muerte que aún se dicta injustamente en muchos Estados del país más poderoso del planeta.       Queremos ser realistas y, en el “caso Tous”, lamentar la muerte del presunto delincuente, pero comprender  --tal como ha hecho el jurado--  la reacción de quien se sentía gravemente amenazado, hasta el punto de percibir que su vida estaba en peligro. La realidad es terca, y no cabe rasgarse las vestiduras ni es una opción razonable la hipocresía buenista que proclama que es mejor morir que matar. Todo, insistimos, tiene sus circunstancias y sus matices, pero la ley no les puede dar ventaja a los delincuentes frente a sus víctimas. Por desgracia, no vivimos en un mundo feliz y nadie es perfecto. Pero cada situación, como ocurre en el “caso Tous”, tiene su contexto, sus circunstancias, sus imperfecciones, y han sido valoradas por un jurado popular que, más que las togas y respetando las leyes, representa la voluntad soberana de los ciudadanos. Nadie debe aspirar a la condición de pistolero, pero la condición de cordero  voluntariamente degollado tampoco es presentable. Hay opiniones para todos los gustos, y algunos demagogos dirán que el pobre roba porque el rico ha robado antes, y que quien esté libre de culpa  que tire la primera piedra. Mas, pese a todo, queremos pensar que vivimos en un país normal.
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