Cuando el congreso estadunidense se aprestaba a elegir la ruta por la cual construirían el canal interoceánico había dos propuestas, ambas con parecidos inconvenientes y escollos políticos, pero salvables.Estados Unidos ya había aplicado la doctrina Monroe y se perfilaba como un país neoimperialista.
La ruta por Nicaragua tenía sus defensores, al igual que la panameña. Unos días antes de la elección, el Congreso recibió un argumento de irrefutable fuerza para inclinarse por una de las os rutas.. Se trataba de dos sellos de correo, uno nicaragüense, de gran valor actual, porque Nicaragua fue el primer país en emitir sellos de correo sin efigies humanas de reyes o gobernantes.En él aparecía una cadena montañosa, con un volcán expulsando humo.El otro sello -el panameño- presentaba el Arco Chato de Santo Domingo, un prodigio de la arquitectura colonial de unos 12 metros de longitud, construido con ladrillos de arcilla.
Aquellos dos sellos protagonizaron una de las argumentaciones más creativas ante el congreso norteamericano, porque a simple vista se apreciaba la ventaja de una ruta 100 por ciento segura, frente a otra de eminentes peligros sísmicos, que expondrían a las delicadas estructuras canaleras a la furia de los volcanes nicaragüenses. Sin saberlo, la impronta del diseñador que cambió la manera de concebir los sellos de correo usando motivos de naturaleza, hizo que el canal interoceánico se construyera por Panamá.
Desde entonces los nicaragüenses miran con recelo sus volcanes, imaginando cómo hubiera sido un futuro con canal, viendo el éxito de los panameños. Y no han cejado en el intento de tener uno. Cada década, desde 1904, tratan de convencerse y de convencer a otros de que su territorio, con una cadena montañosa que lo recorre de Norte a Sur con más de 12 volcanes, es apto para un canal.Pero la verdad es que nadie quiere enterrar miles de millones de dólares bajo toneladas de lava, porque incluso los lagos por donde pasarían los buques, son cráteres de volcanes.
Mientras, Panamá sigue con su proyecto canalero que evoluciona a la medida de las exigencias del transporte marítimo mundial, con una ruta corta, sin montañas ni volcanes, con abundante agua y con la opción de construir un canal paralelo y a nivel, es decir, sin esclusas.
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