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Avances sobre el próximo escenario político peruano

Avances sobre el próximo escenario político peruano

El resultado de la primera vuelta de las elecciones políticas generales en el Perú, desarrolladas el pasado 10 de abril, ha definido qué candidatos competirán en la segunda vuelta electoral por la presidencia de la república el próximo 5 de junio. Se trata, en ese orden, de Ollanta Humala y Keiko Fujimori. Muy cerca de Keiko Fujimori se ubicó Pedro Pablo Kuczynski, quien, a pesar de ser el candidato de mayor edad (más de 70 años) logró un inmenso caudal de voto joven, tanto así que algunos analistas consideran que el “fenómeno PPK” ha despertado el interés adormecido de la juventud peruana por la política. Ollanta Humala, líder del Partido Nacionalista Peruano, tentó la presidencia en 2006 y perdió en segunda vuelta frente a Alan García, el actual presidente cuyo mandato está por terminar. Desde entonces se le vincula con Hugo Chávez y en esta oportunidad ha participado en el proceso al frente de la alianza electoral “Gana Perú”, que incluye a un grupo de líderes de la debilitada izquierda marxista de los 80. Desde los sectores liberales y conservadores se ha objetado el programa propuesto por Humala con relación a su iniciativa de convocar a una asamblea constituyente y los anuncios de estatizaciones de empresas y revisión de los contratos de concesión y tratados de libre comercio. Humala ha tenido a su favor el haber logrado aparecer como el candidato que mejor representa el mensaje que desde la ciudadanía (sobre todo la más pobre) todos los candidatos han dado por recibido (y todos han afirmado entender), esto es, que si bien el Perú está creciendo desde el punto de vista económica, ese crecimiento tiene que reflejarse en una mejora sustancial de la calidad de vida de todos los peruanos, lo que significa implantar un mejor sistema de redistribución de la riqueza. El candidato nacionalista ha sido el primero en dar muestras de apertura hacia el diálogo, pero la desconfianza hacia él es difícil de superar, pues muchos analistas estiman que, de llegar a la presidencia, oscilaría entre un gobierno nacionalista moderado (del tipo Inacio Lula Da Silva) y otro radical y autoritario (del tipo Hugo Chávez Frías). Keiko Fujimori, lideresa del Partido Fuerza 2011, es hija del ex presidente Alberto Fujimori, quien se encuentra recluido en prisión como resultado de una sentencia penal, expedida por una sala especial de la Corte Suprema de Justicia, por delitos cometidos durante el ejercicio de la presidencia. La vinculación con su padre es, en apariencia, el punto más débil de la candidata, a pesar de que ella ha dicho con claridad que, en el caso de llegar a la presidencia, no utilizaría del derecho presidencial de indulto para favorecer a su progenitor. A Fujimori la favorece su juventud, el hecho de que cuando su padre gobernó ella era muy joven y no participó en el gobierno, su preparación académica en los Estados Unidos y la solidez del equipo que la acompaña. Además, resulta, en la mente de muchos peruanos, la heredera titular de un modelo económico exitoso y de políticas de seguridad que, entre otras cosas, permitieron la captura de Abimael Guzmán, líder del grupo terrorista conocido como “Sendero Luminoso”. Alejandro Toledo, líder del Partido Perú Posible y ex presidente del Perú, quien el año pasado lideró con claridad las preferencias electorales y al final sólo alcanzó el cuarto lugar, habría mostrado cierta inclinación a apoyar a Humala (a un Humala moderado, claro está), por la sencilla razón de que en 2001 llegó al poder luego de encabezar la llamada “marcha de los cuatro suyos”, que fue la estocada final contra el gobierno de Alberto Fujimori, por lo que sería un contrasentido que apoye a la hija de éste. Los expertos coinciden en que es muy probable que quienes votaron por la “Alianza por el Gran Cambio”, liderada por Pedro Pablo Kuczynski, que suman unos cinco millones de electores, votarían en su gran mayoría por Keiko Fujimori, mientras que una parte de quienes favorecieron a “Solidaridad Nacional”, bajo el liderazgo de Luis Castañeda, ex alcalde de Lima, se dividirían entre uno y otro. Por su parte, el Partido Aprista Peruano, partido del actual presidente de la república, se inclinaría también hacia la opción fujimorista, aunque nadie lo puede garantizar debido a la crisis interna por la que pasa esa organización política que estuvo a punto de no librar la valla o umbral electoral. En cuanto al Congreso peruano, unicameral con 130 congresistas, estaría integrado por seis organizaciones políticas, cuatro de las cuales sufrirían fraccionamientos que impedirían, otra vez, contar con espacios serios de concertación para la definición de una adecuada agenda parlamentaria y para la organización eficiente de las actividades asambleísticas. Así, Gana Perú, de Ollanta Humala, contaría con 46 congresistas; Fuerza 2011, de Keiko Fujimori, sumaría 38 representantes; Perú Posible, de Alejandro Toledo, tendría 21 parlamentarios; Alianza por el Gran Cambio, de Pedro Pablo Kuczynski, alcanzaría doce curules; Solidaridad Nacional, de Luis Castañeda, aportaría nueve escaños; y el Partido Aprista Peruano, del presidente Alan García, vería reducida su bancada a tan solo cuatro congresistas. El panorama se proyecto favorable a las necesidades de estabilidad y consolidación del crecimiento con distribución que requiere el país. La esperanza se está trasladando, como ya apuntan los analistas, hacia las posibilidades de concertación y definición de una agenda nacional que los próximos gobernantes y representantes atiendan con diligencia y el pueblo sea capaz de exigir y garantizar su cumplimiento. Es muy pronto para aventurar el resultado final del proceso electoral peruano. Lo que sí es seguro es que en esta etapa todos deberán hilar muy fino.
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