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El mundo al revés

El mundo al revés

Los ochenta marcaron su fin con una convergencia muy particular de fenómenos En poco más de veinte años la correlación de poder económico ha dado un vuelco de inmensas proporciones. Al iniciarse la década de los noventa el hemisferio Norte se evidenciaba todopoderoso, mientras los países en desarrollo se hallaban postrados. Hoy, estos últimos emergen con fuerza indetenible, mientras los desarrollados se ven asolados. ¿Qué ocurrió? Los ochenta marcaron su fin con una convergencia muy particular de fenómenos: colapso de comunismo, crisis de la deuda externa en los países del Tercer Mundo, caída del precio de las materias primas, re emerger del GATT, el FMI y el Banco Mundial, fortalecimiento de los mercados financieros. En síntesis, Occidente en general y Estados Unidos en particular se alzaban imbatibles al tiempo que las naciones en desarrollo se evidenciaban empobrecidas, endeudadas y forzadas a alinearse con el paradigma triunfante. De un lado hacía su aparición el Consenso de Washington, imponiendo su inescapable decálogo de reglas: liberalización comercial, desregulación, privatización, etc. Del otro, las negociaciones entre desarrollados y en vías de desarrollo, dentro del marco de la Ronda Uruguay del GATT, se inscribían dentro de un proceso de concesiones múltiples y no reciprocadas por parte de los segundos: liberalización de la inversión extranjera, reducción de aranceles, extensión de la ley comercial internacional al sector de los servicios, aceptación de las normas de propiedad intelectual provenientes del Primer Mundo, etc. Consenso de Washington y Ronda Uruguay se presentaban así como dos grandes tenazas. Por si lo anterior fuera poco, los grandes centros financieros y los de comunicación social, convergían alrededor de las reglas anteriores, imponiendo parámetros de credibilidad u ostracismo entre las naciones, en base a la aceptación o no de dichas normas. A partir de finales de 1999 las cosas comenzaron a cambiar. En la reunión de la Organización Mundial de Comercio en Seattle, las naciones en desarrollo, confrontadas a los nuevos sacrificios que querían imponérseles, endurecieron su posición. El ingreso de China a la OMC en 2001 y el poder combinado de esta nación con la de las dos otras economías emergentes, India y Brasil, dio paso a una nueva plataforma de poder del hemisferio Sur que se haría sentir en las siguientes negociaciones de dicha organización. Ello se enmarcaba dentro del crecimiento económico que estaban teniendo las naciones en desarrollo en general y la triada anterior en particular. Fortalecidas por sus altas tasas de crecimiento y por su nueva unidad, dichas naciones se tornaron asertivas. Hubo que esperar hasta 2008, sin embargo, para que la otra cara de la moneda hiciese su aparición: la crisis profunda de las economías desarrolladas. La convergencia y retroalimentación de diversos problemas (alto endeudamiento, crecimiento exiguo, ausencia de confianza), ha evidenciado una crisis sistémica en dichas economías. Paralelamente otro fenómeno ha entrado en escena: la autonomía creciente de las economías en desarrollo, en la medida en que estas últimas han podido seguir creciendo a pesar de la crisis del hemisferio Norte. Es, en síntesis, un mundo al revés. [email protected]
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