Hoy día el liderazgo tiende a identificarse prácticamente con el poder de los medios de comunicación. Los líderes están predispuestos, inclusive a ser manipulados por los medios y esto es un hecho irrefutable durante las campañas políticas donde los líderes invierten millones para “vender su imagen”.
Fruto de las influencias de la tecnología en los medios de comunicación y la imagen que se tiene de los periodistas que forman la opinión pública, han surgido con mucha intensidad los llamados “líderes mediáticos” capaces de colocarse por encima de la sociedad y de la política, regentando el avance de ésta y perfilando las insuficiencias y aciertos del sistema democrático. El poder ahora proviene del conjunto de los medios masivos de comunicación, así como la manipulación de la opinión pública obedece a las razones del marketing.
La vieja política del poder ha sido reemplazada por los fenómenos de liderazgo con poder delegado desde la sociedad gracias al accionar de los medios de comunicación, sobre todo de la televisión que señala el camino para ampliar el poder hacia diferentes ámbitos. El líder con poder es una imagen que aparece ante los medios, en la vida cotidiana del consumo y aspira a colocarse más allá del poder estrictamente político.
Ahora bien, ¿cuál es la relación existente entre el poder y el liderazgo de masas de carácter político o comunicacional? Aparentemente, este proceso está relacionado con el dramatismo. Un solo hombre, destinatario y poseedor del poder supremo, es capaz de ordenar desde la esfera política o mediática, la vida de toda una sociedad. Con ello tiende a establecerse la igualdad entre poder, política, opinión-información y liderazgo de masas. Cabe aclarar aquí que quien posee información y además la produce, como muchos especialistas a la cabeza de medios masivos, goza de atributos que construyen el poder mediático, diferentes de otros como los de un cargo político dentro del aparato estatal o dentro de la burocracia de un partido político.
Los medios de comunicación concentran las noticias políticas, dramatizando todo tipo de eventos: el dolor se convierte en espectáculo y la alegría o siniestra felicidad se transforman en el arte de dominar a los demás. Pero tampoco un solo hombre es capaz de determinar el destino de miles, ni el único poder es el político, ni la política es la actividad más importante o el único regulador posible, aunque el liderazgo mediático de masas se levanta como un aspecto contemporáneo vinculado al poder y reconocido desde la sociedad en la cual tiene influencia.
Aceptando que el poder contiene múltiples facetas no se puede negar la importancia de las imágenes, los símbolos y el arte visual que mueven profundamente a las personas y a toda actividad política. Es necesario analizar algunos presupuestos generales del poder y la ubicación, dentro del terreno de los medios de comunicación, desde los periódicos, el cine, la televisión, los anuncios comerciales y el mundo del espectáculo que dan lugar a un fenómeno decisivo: el liderazgo mediático de masas.
El punto de partida para el análisis del poder es la existencia de una relación colectiva entre el líder y sus seguidores que tiene un carácter desigual, relación que además señala la presencia de un eje con dos elementos: el mandato y la obediencia. Estos elementos se convierten en premisas ineludibles que caracterizan toda relación de poder. El líder es aquel que manda o desarrolla un conjunto de estrategias para ser obedecido y es por esto que las masas estarán siempre “enajenadas” con respecto al líder, pues renunciarán a una parte de sí mismas hasta someterse obedientemente. Incluso en los momentos donde se reivindica una práctica horizontal y participativa de las decisiones, los seguidores buscarán que se les indique el camino hacia dónde ir, por lo que el precio a pagar es entregar una parte de su individualidad para que sea el líder quien los mande conduciéndolos por la senda del éxito o la decadencia.
El liderazgo actual tiende a estar ligado al mundo del entretenimiento mediático. Por lo tanto, el terreno más propicio para viabilizar diferentes mandatos y obediencias será la esfera pública de los medios de comunicación como la televisión, el cine, la radio e inclusive los letreros comerciales.
El líder moderno con poder es el manipulador de la acción hegemónica dentro de la sociedad tratando de convertirse en un actor-productor de hegemonía gracias al uso de los medios masivos. El objetivo es una singular voluntad: convencer desde la comunicación política para que la dominación-dirección del liderazgo pueda ser ejercida de manera eficaz. La sociedad civil se encadena a los medios de comunicación, así como también éstos se encadenan al liderazgo gracias a nuevas formas de hegemonía colocadas en los televisores que alientan un dramatismo permanente.
Franco Gamboa Rocabado
Sociólogo político, miembro de Yale World Fellows Program, franco.gamboa@yale.edu, franco.gamboa@gmail.com