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Y de La Comedia ¿qué?

Aparcado por el momento –y esperemos que definitivamente- el asunto de las butacas del Teatro de Lara, podemos detenernos a pensar en la situación de otro local no menos histórico y más antiguo: La Comedia de la calle Príncipe. El Estado Español lo adquirió a la familia Escudero en 1998 para afianzar la sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, que nació en ese escenario.

Pero el teatro está cerrado a cal y canto desde el año 2002 ante las deficiencias que presenta la construcción. Como es un edificio singular, cualquier actuación en el mismo requiere una compleja tramitación burocrática que no siempre se ha llevado con celeridad. En la reciente presentación de la nueva temporada del Clásico en la sede provisional del Pavón, el Director General del INAEM parece que se comprometió a abrirlo antes de que acabe la legislatura. Un poco precipitado me parece el plazo porque las obras no van a ser sencillas ni baratas. Tendrían que estar en marcha ya para que se pudieran terminar en tres años.

La Comedia, construida en 1875 por el arquitecto Ortiz de Villajos, fue la cuna de numerosos grandes actores de final del XIX y principio del XX. Benavente estrenó allí su primera obra. Los primeros desnudos integrales en la escena española (“Equus”, 1975) se vieron en ese escenario, desde el que José Antonio Primo de Rivera proclamó la fundación de la Falange, como recuerda una placa en la fachada del teatro.

De su primitiva decoración queda poco porque el teatro se incendió la noche del 18 de septiembre de 1915, aunque los empresarios pudieron reconstruirlo en apenas nueve meses. Fue cine, sala de conciertos, lugar de reunión de literatos –en El Gato Negro, su café- y, como he dicho, primer escenario de la CNTC, presentada con “El médico de su honra” en octubre de 1986. Los Escudero, Tirso abuelo, padre e hijo, tuvieron su segunda –o primera- casa en este teatro.

Los seis años transcurridos ya desde el cierre más los que le quedan, son demasiados para un espacio como éste. Choca con la diligencia que se tuvo en otro teatro nacional –el María Guerrero- cuando sufrió problemas similares. Yo, como vecino del Pavón de Embajadores, estoy encantado de tener a los cómicos clásicos en frente de casa. Pero como aficionado al teatro y a la historia local, reclamo la máxima atención y empeño para resolver la situación de La Comedia. Sin embargo casa paso debe darse con sumo cuidado para garantizar las características del historio recinto e incorporar, en la medida de lo posible nuevos adelantos escénicos. Pero, desde luego, es necesario acometer ya la reforma que posibilite su reapertura.
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