red.diariocritico.com

Miserias de la política

   Esta semana hemos asistido a la segunda muerte de Miguel Ángel Blanco. El pistolero "etarra" García Gaztelu le asesinó hace diez años y ahora le ha vuelto a enterrar la división entre los partidos políticos democráticos. Hace diez años millones de ciudadanos salimos a la calle para repudiar a los terroristas, a sus cómplices y a sus  aprovechados compañeros de viaje. Aquella marea humana forjó el denominado "espíritu de Ermua", un sentimiento de hartazgo cívico frente al terrorismo nacionalista que resumía muy bien aquella exclamación de ¡Basta ya! que con el andar del tiempo se fue coloreando de tintes partidistas hasta desembocar en la actual división entre los demócratas.

   Si en algún momento los pistoleros -y quienes les asisten políticamente- se sintieron aislados, fue aquél; hasta tal punto que por el camino de la unidad entre el PP y el PSOE, meses después llegaron el Pacto Antiterrorista y la Ley de Partidos, instrumentos legales que en manos de jueces y fiscales diligentes llegaron a acorralar a la banda y sus satélites políticos y mediáticos. Rota la unidad, la ETA volvió, no sólo a respirar, sino a matar. Zapatero y Rajoy -políticos a quienes pagamos para que nos resuelvan los problemas, no para que dividan a los ciudadanos con sus estrategias de partido- deberían reflexionar sobre lo ocurrido en Ermua en ocasión del décimo aniversario del secuestro, tortura y asesinato de Miguel Ángel.

   ¿Por qué ninguno de los dos asistió a los actos de Ermua? ¿Por qué ninguno de los dos pierde la oportunidad de perder una oportunidad para estar por encima de las respectivas miserias partidistas? Se lo debían a Miguel Ángel Blanco. Con su presencia en Ermua habrían evitado la segunda muerte política del joven concejal asesinado por la ETA hace diez años. Falta grandeza en la política española de estos días.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios