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Hay que cumplir la ley, pero ¿qué ley?

Hay que cumplir la ley, pero ¿qué ley?

Por Fernando Jáuregui
viernes 22 de mayo de 2015, 17:29h
Me parece lógico que la Junta Electoral prohíba la concentración convocada en Madrid para este sábado 'de reflexión' por la plataforma del 15-m. Es la ley, y ni siquiera los 'indignados' pueden saltársela, aunque bien cierto es que ya ha habido fraude contra esta ley, cometido por otras formaciones que reclaman tener 'legalidad' por divisa. Y no menos verdad es que este de la 'jornada de reflexión' es uno de los puntos trasnochados de una normativa electoral anterior a los tiempos de Internet y a la velocidad y globalidad de los medios de comunicación actuales. Sí; creo que, pese a que la ley pueda resultar anacrónica, y mientras no se modifique la legislación, hay que cumplirla.

Claro, también estoy pensando, ante esta jornada de reflexión, en las salpicaduras de la filtración de la declaración a Hacienda de la candidata Esperanza Aguirre, que ha situado a la 'lideresa' que aspira a regir Madrid de nuevo en los titulares principales. Una filtración que podría constituir un delito cometido por el filtrador, si es que le cazan, claro. Lo digo porque tampoco cazaron a los que filtraron las cuentas con Hacienda de Rodrigo Rato o de Juan Carlos Monedero, por poner dos ejemplos distintos y distantes. Debo insistir: si la norma dicta que una declaración a Hacienda es algo privado, supongo que hay que respetarla, aunque tampoco esté yo muy seguro de que este secreto sea, en todos los casos, la mejor manera de luchar contra la corrupción y a favor de la transparencia.

Ocurre que la proliferación de campañas electorales, cuando casi todo está permitido, rebaja la seguridad jurídica de las personas, a las que se puede acusar (falsamente por cierto) de cuasi delitos, como favorecer a etarras, sin que nada ocurra. Y conste que, con todo, no me parece que esta que ahora ha concluido haya sido, contra lo que ha dicho la alcaldesa de Valencia y aspirante a lo mismoRita Barberá, la más "sucia" que se haya conocido. Otra cosa es que en las campañas se aireen asuntos olvidados en otras circunstancias, y que haya agraviados que aprovechen la ocasión para vengarse más eficazmente de determinado candidato, de un partido.

Y conste que no me parece mal: siempre he dicho que, si no existiesen las campañas electorales, aún estaríamos en la época del derecho de pernada. Carece de sentido, por tanto, hablar de "electoralismo" como un dato negativo: a mí, las promesas electorales -una parte de las cuales acaba cumpliéndose-me parecen un factor de avance de la democracia. Y, de hecho, y lamentablemente, no ha habido tampoco demasiadas propuestas nuevas ante estas elecciones del domingo, que van a cambiar la faz política del territorio español.

Pero alguna lección hemos de sacar de estas semanas trepidantes: es necesario, en una democracia, que las leyes se cumplan. Si la normativa electoral obliga a quitar las 'esteladas' de sitios públicos, hay que quitarlas, por muy obsoleto que parezca el precepto. Si se trata de no manifestarse en la jornada de reflexión, hay que manifestarse otro día, como dijo la propia candidata de Podemos, Manola Carmena. Y si la 'guerra sucia' de dossieres falsos constituye una vulneración de la legalidad, a ello hay que atenerse. Incluso, ya digo, en campaña. O precisamente en campaña.
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