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Ética de la solidaridad

Ética de la solidaridad

Por francisco Muro de Iscar
domingo 17 de noviembre de 2013, 15:20h
El Papa Francisco I ha prologado un libro del cardenal Bertone, el anterior secretario de Estado del Vaticano, sobre sus experiencias en el mundo de la diplomacia, en el que apunta un concepto que me parece apasionante: la "ética de la solidaridad", capaz de "sustituir a la del poder, ya reducida a un modelo de pensamiento para justificar la fuerza". En tiempos en los que lo que más trasciende de los diplomáticos son sus actividades de espionaje o de presiones económicas, Francisco I pide "diplomáticos nuevos, capaces de volver a dar a la vida internacional el sentido de comunidad, rompiendo la lógica del individualismo, de la concepción desleal, del deseo de sobresalir". Un concepto nuevo para las relaciones internacionales.

Francisco I pide que miremos al "otro" no sólo como persona sino que lo ampliemos a pueblo o Estado. En tiempos en los que hablamos de las barreras que impiden entrar a ciudadanos de un país a otro -colocando cuchillas en las verjas de la frontera entre Marruecos y Melilla- o de legislaciones que castigan como delito la ayuda a inmigrantes irregulares -como en Italia- y que dan lugar a tragedias como las de Lampedusa, el pontífice sitúa el problema en otro lugar, en el que corresponde: "no basta con impedir la injusticia, si no se promueve la justicia". Hay que construir una nueva manera de vivir, una red internacional de solidaridad.

"No será haciendo prevalecer la razón de Estado, dice Francisco I, o el individualismo como eliminaremos los conflictos o daremos a los derechos de las personas la justa ubicación. El derecho más importante de un pueblo y de una persona no está en el no estar impedido de realizar las propias aspiraciones, sino en realizarlas efectiva e integralmente...". La ética de la solidaridad supone no una acción terapéutica, que también, sino una solidaridad activa, concreta, para dar medios a las personas y a los países para que puedan alcanzar las posibilidades de desarrollo y hacer innecesaria la migración.

Europa no solucionará nada poniendo barreras, mientras no actúe con medios y con eficacia en el origen de los problemas, ayudando al desarrollo real de los países de donde proceden tantos inmigrantes sin papeles dispuestos a jugarse la vida a cambio de una mínima esperanza. El mundo no solucionará los problemas de países donde la pobreza o la falta de democracia impiden su desarrollo con apoyos puntuales, colectas extraordinarias o huecas declaraciones de solidaridad. Para alcanzar algún resultado ello hay que invertir, lo dice Bertone, "trabajo, paciencia, compromiso cotidiano, sinceridad, humildad, profesionalidad". Y voluntad política, educación y medios.



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