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Los obispos eligen a su nuevo líder

Las 'otras elecciones', importantes para el próximo presidente

El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), monseñor Ricardo Blázquez, culmina por la mañana, cuando inaugure la XCI Asamblea Plenaria, su primer mandato como presidente de los obispos españoles. Deberá conseguir la mayoría absoluta de los miembros presentes en la Asamblea Plenaria para poder ser reelegido en su cargo por un segundo trienio sucesivo, según consta en los estatutos del Episcopado. Los tres años que ha estado al frente de la Casa de la Iglesia, Blázquez ha mantenido un tono conciliador y dialogante, aunque no han faltado las críticas al Gobierno, fundamentalmente en lo referente a las leyes de Educación, Reproducción Asistida, Matrimonio Homosexual, Biomedicina y Memoria Histórica, según ha quedado reflejado en sus seis discursos ante las Asambleas Plenarias, donde tampoco han quedado fuera temas como el acuerdo de financiación de la Iglesia o el terrorismo, pero sí alusiones directas a la unidad de España.

   Concretamente, en su primer mensaje como presidente de la CEE, en noviembre de 2005, Blázquez destacó la voluntad de la Iglesia de ser "fermento de solidaridad, concordia y esperanza". Entre sus palabras, el obispo hizo mención al Concilio Vaticano II, al que consideró "brújula" de la Iglesia "para afrontar los desafíos que se le presentan".

   Asimismo, apeló a la necesidad de "actualizar y profundizar" las actitudes de la Transición para "responder adecuadamente a los desafíos". "Aquellas actitudes de reconciliación, de curación de heridas, de empeño por construir entre todos una sociedad justa y respetuosa de las legítimas diferencias, culta y solidaria, tienen que tomar constantemente forma y cuerpo en acuerdos al servicio del bien común", resaltó entonces el prelado.


   MEMORIA HISTÓRICA, PERO "SIN REABRIR HERIDAS"

   Con respecto a la Ley de Memoria Histórica y la polémica que suscitó la beatificación de 498 mártires de la persecución religiosa durante el Siglo XX en España, Blázquez reconoció en noviembre de 2007, en la XC Asamblea Plenaria, "el derecho de cada grupo humano a rememorar su historia" pero advirtió de que no debe servir para "reabrir heridas, atizar rencores y alimentar desavenencias".

   En este sentido, señaló la necesidad de recordar "sin ira las etapas anteriores de la historia" y "con la disponibilidad de afirmar lo propio y de fomentar al mismo tiempo el respeto a lo diferente". "La lectura de la historia no debe servir para enfrentarnos sino para recibir de ella o la corrección por lo que hicimos mal o el ánimo para proseguir en la senda acertada", indicó entonces el prelado.

   Asimismo, afirmó que al recordar la historia en "muchas ocasiones hay motivos para dar gracias a Dios por lo que se hizo y por las personas que actuaron". Dicho esto, Blázquez recalcó que "en otros momentos ante actuaciones concretas, sin erigirnos en jueces de los demás, debemos pedir perdón y reorientarnos". Según dijo, citando palabras de Juan Pablo II, "la purificación de la memoria implica tanto el reconocimiento de las limitaciones y de los pecados como el cambio de actitud y el propósito de la enmienda".

   ETA: "ESPERANZA POR ALCANZAR LA PAZ"

   Tres días después del anuncio del "alto el fuego permanente" por la banda terrorista ETA en marzo de 2006, el número uno de la Conferencia Episcopal manifestó en su mensaje inaugural de la LXXXVI Plenaria de los obispos "la esperanza" del Episcopado por alcanzar la paz y la "disponibilidad de la Iglesia a contribuir con ese proceso en la medida de sus posibilidades".

   Entonces, el obispo de Bilbao afirmó que el comunicado de ETA había suscitado en la sociedad española "un haz de sentimientos" pero "por encima de todos": el de la "esperanza" pese a que "en intentos anteriores no se había llegado al fin deseado de la desaparición de la violencia terrorista y de la misma organización".

   También apeló a "la unidad de los gobernantes y representantes políticos y a la colaboración de la sociedad" para llegar a "la meta de la paz plena". El obispo de Bilbao también hizo referencia entonces a las víctimas, al afirmar que "su testimonio doliente de la violencia padecida", recuerda a la sociedad "la trascendencia" de aquel desafío.
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