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Solidaridad ordenada

Por Javier Fernández Arribas
martes 15 de septiembre de 2015, 15:31h

La Unión Europea es un espacio de libertad, justicia y seguridad. Esta es la versión oficial que define el espacio europeo al que habría que añadir el de la dignidad de los seres humanos. De todos y no solo de los nativos europeos. No hay duda de que hay que cumplir con estas señas de identidad que se sustentan en principios y valores que las complementan y que tienen en la solidaridad un elemento esencial, que no siempre se cumple. Y no hay que irse a situaciones de extrema gravedad como la que estamos viviendo con miles de refugiados huyendo de la muerte por el este y el centro de Europa. Podemos recordar las negociaciones a cara de perro en los distintos sectores, por ejemplo, la que se registra estos días con las cuotas lácteas.

Es la conocida como la Europa de los mercaderes que muchas veces no actúa con la generosidad que se le supone a un club de países que ha sufrido dos Guerras Mundiales y donde el movimiento de personas, los flujos migratorios han sido esenciales en el devenir de su historia. Sin embargo, la solidaridad debe ser ordenada para que tenga éxito y no se convierta en un caos con efectos peores que los que se pretenden evitar. Hay cuestiones clave a tener en cuenta. Hay que ayudar y acoger a miles de personas que lo necesitan. Para ello hay que destinar toda una serie de servicios básicos en las mejores condiciones posibles: desde el alojamiento en condiciones dignas e higiénicas, la manutención, la sanidad, el trabajo o los traductores. Hay que solucionar el origen del problema porque estos miles de personas deben regresar a sus lugares de origen y tener la oportunidad de reconstruir sus vidas y sus hogares. No podemos pensar que el dictador sirio o los terroristas van a quedarse con el territorio y el poder sirios con buena parte de su población fuera.

Es una especie de limpieza étnica que consolidaría la violencia más brutal como medio de hacerse con el control político, económico y social de uno, dos o los países que fueren. No se debe olvidar el objetivo principal: acoger a estos seres humanos para que más pronto que tarde puedan recuperar sus vidas en sus pueblos nativos. Hay que explicar bien las cuotas, los costes y ser capaces de crear una buena política europea sobre refugiados e inmigrantes porque la xenofobia y los guetos serían una enfermedad más grave.

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