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Teocracias islámicas problema. Irán y Arabia Saudita

Por Bernardo Rabassa
lunes 10 de agosto de 2015, 21:06h
De las actuales teocracias islámicas que se destacan en ES en opinión de Javier Martin, ambas están enfrentadas, y las dos tienen problemas con el precio del petróleo dada la competencia de shake oil americano y pronto mundial. La historia de Oriente Medio cambió en 1979. En el invierno de aquel crucial año, el último sha de Persia, Mohamad Reza Pahlevi, abandonó furtivamente Irán, derrotado y acompañado por un puñado de fieles, y aterrizó el exiliado Ruholá Jomeiní, recibido en el aeropuerto de Mehrabab en loor de multitudes Había nacido la República Islámica de Irán, primer –y hasta la fecha único- estado chií de la historia contemporánea. “Nos engañaron”, acostumbraba a lamentarse Hamid, un taxista con el que solía trabajar en Teherán.

“Nos engañaron y nos hundieron. Nos convirtieron en parias encarcelados”, insistía cuando pasábamos frente a la sede de la antigua Embajada de Estados Unidos. El 4 de noviembre de 1979, un grupo de futuros basij asaltó la legación diplomática en la capital y mantuvo retenidas a 52 personas durante 444 días con el expreso beneplácito de Jomeiní, quien vinculó el allanamiento con la lucha de los pueblos oprimidos frente al imperialismo. Washington había perdido definitivamente a su principal aliado musulmán en Oriente Medio, ese que durante cuatro décadas había salvaguardado sus intereses petroleros y políticos en la región, e incluso protegido los de su principal socio, Israel.

Apenas tres semanas después, el 29 de noviembre de 1979, un segundo suceso –que ha pasado quizá más desapercibido- contribuyó al diseño definitivo del Oriente Medio que hemos conocido –y padecido- en este agitado tránsito entre centurias. Secundado por cerca de 400 hombres armados, el mesiánico Juhaiman al Otaibi penetró en la Gran Mezquita de La Meca, corazón del islam, y retó a la familia real saudí, a la que acusó de inmoral, corrupta y hereje. El resultado fue una de las batallas más impactantes de la historia del islam actual. Pese a la inviolabilidad que El Corán concede a los recintos sagrados, tropas de asalto saudíes –apoyadas por fuerzas de elite francesas y comandos pakistaníes- penetraron a sangre y fuego en los blancos patios que circunvalan la venerada Kaaba. el rey Jaled, aconsejado por el influyente Muftí de la ciudad sagrada –el jeque Bin Baz-, tomaría una decisión que marcaría el destino del reino y del mundo: ayudado por la CIA y los servicios secretos de Pakistán autorizaría la creación de un diabólico corredor para expulsar a aquellos radicales que retaban su autocracia y osaban contestar la supremacía que la casa de Al Saud se había arrogado sobre el islam suní.

Desde entonces, la pugna entre las dos teocracias que reclaman el liderazgo del islam ha definido la historia de Oriente Medio. Durante las últimas cuatro décadas, Arabia Saudí ha sido el amigo de Occidente e Irán el enemigo más peligroso y enconado. A este último Estado se le ha criticado todo: incluido en el eje del mal, se le ha acusado de fomentar el terrorismo internacional y violar sistemáticamente los derechos humanos. Y se le ha intentado quebrar con pétreo embargo mundial. Sobre Arabia Saudí ha reinado siempre el silencio cómplice, aunque organizaciones yihadistas como Al Qaeda hayan salido de sus entrañas y reciban financiación de asociaciones caritativas wahabíes vinculadas al régimen saudí.

Bendecidos por la geografía prehistórica, Irán y Arabia Saudí son dos de los mayores productores de petróleo y gas del mundo. Según datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), uno de los escasos foros en los que comparten silla con regularidad, el reino wahabí es el principal exportador de crudo del mundo y compite con Venezuela por el primer puesto en reservas probadas de crudo convencional, con cerca del 18% del oro negro de esta naturaleza descubierto en el planeta.

Dueño de una industria moderna y vibrante –que supone el 50% de su PIB- es también el principal productor del mundo: el pasado mayo elevó su capacidad hasta los 10,2 millones de barriles diarios, una cifra récord con la que busca atajar la abrupta caída que han experimentado los precios en los últimos meses, arrastrados por la desaceleración china, la autosuficiencia energética de Estados Unidos y la reticencia de los fondos de inversión de riesgo, que buscan otras carteras. Un agudo descenso que amenaza, a medio plazo, la vulnerable economía de un reino con escasos recursos naturales –existen también explotaciones de oro, hierro y cobre-, industria endeble y una población opulenta, acostumbrada a la vida muelle y a la tutela del Estado, que en tres décadas casi se ha triplicado (28 millones de habitantes frente a los 10 millones que había en el albor de la pasada década de los 80). Consciente de esta situación, el reino ha comenzado una tenue reforma que le permita atajar el descontento popular y los graves problemas de desigualdad que se avizoran en una sociedad que bajo el oropel de sus quince mil despilfarradores príncipes y princesas esconde amplias bolsas de pobreza y palmarias injusticias sociales.

Irán también flota en petróleo. Sin embargo su producción –cerca de 3,2 millones de barriles día- y sus reservas –157.500 millones frente a los 266.500 millones saudíes- distan mucho de las de su antagonista. La razón es esencialmente política: los treinta años de embargo internacional al que las potencias mundiales han sometido al régimen de los ayatolá ha hundido su sector petrolero, oneroso y obsoleto.

La escasa inversión y las dificultades de acceso al mercado de I+D y a las redes comerciales de repuestos han multiplicado los costes de extracción –afectando incluso a las reservas de agua subterránea- y complicado las labores de búsqueda de nuevos yacimientos en un país que debe alimentar a 80 millones de personas. Irán se disputa con Rusia, no obstante, el liderazgo mundial en reservas probadas de gas. Los expertos creen que el yacimiento “Pars”, hallado bajo el lecho marino y compartido con Qatar, supone el 36% de las reservas probadas de gas en poder de Teherán, y el 5,6% de las reservas probadas totales de gas que existen en el planeta. Una riqueza que puede convertir a la República Islámica en uno de los países más ricos del mundo. Y en uno de los mercados más atractivos.

La balanza militar es igualmente favorable al reino wahabí. Irán tiene el 22 Ejército más poderoso del orbe, ligeramente por delante de su rival. Cuenta con unos 2.500 tanques y carros de combate; unos 500 aviones de combate y 31 submarinos. Es ella la que acumula las mejores armas y dirige las principales operaciones y la que posee la más poderosa de las amenazas: el conocimiento científico para construir una bomba atómica. Desde hace años, desarrolla también un aterrador programa balístico, oculto en el programa civil de desarrollo espacial. Su objetivo, afinar la precisión de sus misiles de corto y medio alcance –capaces de impactar en Israel-, y ensamblar cabezas nucleares.

Aislado Irán hasta el reciente acuerdo con Obama, las cosas le irán ahora mejor. Fracasadas las primaveras árabes en ambos países, son de un conservadurismo islámico a prueba de bombas. Sin embargo no respetan los derechos humanos, discriminan a las mujeres y a las minorías étnicas o especiales como los homosexuales. No se puede practicar el cristianismo y son el jeque y los ayatolhas quienes deciden sin democracia alguna, aunque con parlamentos de cartón. No al alcohol, y a las mas mínimas libertades. Occidente no tiene ningún futuro en ellos que constituyen un 4º mundo inalcanzable solo a través del comercio, la cultura ya que el islam es una religión dogmática es tristemente inexistente.



BERNARDO RABASSA ASENJO. PRESIDENTE DE CLUBS Y FUNDACIONES LIBERALES. MIEMBRO ASOCIADO DE ALIANZA LIBERAL EUROPEA (ALDE), PREMIO 1812. PREMIO CIUDADANO EUROPEO 2013. MEDALLA AL MÉRITO CULTURAL 2015
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