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Mona y Mena

Mona y Mena

Por Gabriel Elorriaga F.

miércoles 22 de julio de 2015, 12:41h
Parece una broma fonética que el tándem que ha hecho posible la actual y extraña corporación municipal madrileña coincida en dos apellidos trisílabos:Carmona y Carmena. El resultado de esta convergencia no ha sido un “monamerismo” combinado sino el triunfo de una anarquía Carmenitana asistida de monaguillo socialista. Una especie de marea o franquicia del Podemos grecovenezonalo, decorado con pinceladas de humor negro y ocurrencias de “okupa”. “Ahora Madrid” ya suena, desde el principio, a “Ayer Madrid”.

A la extraña corporación se le hacen tan largos los caminos del municipalismo que ya parece cansada antes de empezar a gestionar. Coincide con otros experimentos, producto de combinaciones pluripartitas, en que lo suyo no es administrar los bienes locales, ni hacer urbanismo sino ocuparse de lo que creen, piensan, recuerdan o prefieren los vecinos de las ciudades que han tenido la mala suerte de caer bajo la lupa de sus observatorios de vigilancia ideológica y funeraria.

Dan la impresión de que desconocen su tarea en esas populares y seculares instituciones que son los Ayuntamientos y que son incompetentes para gobernarlos y engrandecerlos sino gente propicia a paralizarlos, degradarlos y, si es posible, desintegrarlos en círculos arrabaleros y tertulias de actualidad internacional. No parecen sentados en el poder municipal, sino en una oposición interna, como termitas devoradoras del edificio en que se acogen. Los enemigos de la Casa de la Villa instalados dentro de la Casa de la Villa, más como una panda que como una corporación.

Enfrente, la oposición que fue más votada tampoco parece haber asumido su papel como tal, sino el de un gobierno en la sombra, impaciente por no poder aplicar sus experiencias a los temas que conoce y que han sido sustraídos a su competencia por la inclinación suicida del Carmonismo. Los Populares parecen bomberos en su cuartel, a la espera de que los llamen para apagar los fuegos.

Más preocupados por la hegemonía germánica en Europa que por la policía municipal y el transporte público, estos artistas de la diplomacia se dedican a leer y escribir más mensajes digitales que boletines oficiales y sus miradas extraviadas empiezan a dar los síntomas característicos de quienes han caído dentro de un traje que les viene grande de hechuras y de estilo zarrapastroso para bien vestir en la Villa y Corte del Reino de España. Ediles con pesadillas de nazis y judíos injurian la auténtica memoria histórica del Madrid acogedor y simpático en nombre de una ficción hosca y demagógica. El Carmenicidio es así, Versión Original, un espectáculo que avergüenza a los madrileños, con su permiso, señor Carmona.
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