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La Comunidad, sin recursos para invertir

La Comunidad, sin recursos para invertir

sábado 19 de mayo de 2012, 14:35h
La escena es habitual para los profesionales de la información. Una sala con más columnas de lo recomendado. Mesas alargadas. Cómodos sillones. Bien iluminada. Tecnológicamente bien equipada. Incluso con pantallas de sobremesa para observar más de cerca la expresión del o los consejeros comparecientes. Es la sala de prensa del Colegio de la Asunción, sede del Gobierno regional, en la que semanalmente se defiende con soltura el consejero Portavoz, José Antonio de Santiago-Juárez.

La comparecencia del jueves, 17, no fue diferente. El Portavoz se asomó a las cámaras, como siempre. Esta vez, junto a la consejera de Hacienda, Pilar del Olmo.

Pero, además de la audacia del Portavoz, que irrumpió con la formulación de la primera pregunta (?), sorprendió también la desbordante alegría con la que Pilar del Olmo desvelaba las grandes líneas de su plan económico y financiero 2012-2014 que permitirá el regreso a la estabilidad presupuestaria de Castilla y León. Se entiende que, en fin, cuando la consejera se expresó con orgullo (sic) al respecto del plan, seguramente se refería a su convicción de que iba a recibir el aprobado alto del maestro Montoro esa misma tarde, en la trascendental sesión del Consejo de Política Fiscal y Financiera que se iba a celebrar en Madrid. Y así fue, por cierto, como no podía ser menos. Pilar del Olmo salió del Ministerio de Hacienda con un aprobado alto. O matrícula de honor, según algunas fuentes. Felicidades.

Lo que ocurre es que algunos, mientras escuchaban atentamente a la consejera en la estupenda sala de prensa de la Junta, no pudieron evitar la recuperación de una imagen reciente, grabada en la retina de millones de personas de todo el mundo. Fue la dramática comparecencia de la ministra de Trabajo italiana, Elsa Fornero, junto al primer ministro Monti, el pasado 4 de diciembre, para anunciar al país el enorme esfuerzo que debían realizar todos los italianos para embridar el gasto público y recuperar la senda de la estabilidad. Lloró en directo "el ministro Fornero" (como se dice en Italia) mientras anunciaba, en domingo, el plan de ajuste aprobado por el Gobierno del tecnócrata Monti, aupado al cargo por Bruselas (Alemania) sin el examen de las urnas.

En todo caso, es verdad que Castilla y León (como el resto de las comunidades) tenía pendiente el plan de ajuste. Y es una buena noticia que se haya aprobado, por fin, un programa de reducción del gasto público a corto y medio plazo. Pero es muy difícil que nadie lo anuncie con alegría y orgullo. Porque es, sí, el reconocimiento expreso de un fracaso colectivo, alimentado artificialmente durante casi treinta años.

Y menos aún, claro, si se lee en toda su extensión el significado de los grandes números, en el caso de que -como se espera- se cumpla a rajatabla el plan de reducción de gastos aprobado.

Según el plan financiero aprobado por Montoro (2012-2014), la Castilla y León reducirá su gasto corriente en 530 millones de euros, cifra que ni siquiera permitiría afrontar los costes de la deuda este año (casi 560 millones). Pero, además, aunque el ajuste del gasto corriente sea relativamente importante, hay que tener en cuenta que los recursos destinados a estos capítulos aumentaron en 250 millones durante los tres primeros presupuestos de la crisis (2009-2011). Es decir, el ajuste real entre 2009 y 2014 será de unos 280 millones de euros, el 3% del Presupuesto de este año.

Sin embargo, por el lado de la inversión, sorprendentemente, el plan sólo contempla un recorte de 330 millones entre 2012 y 2014. Una cifra que merecería una celebración por todo lo alto, salvo que se contemple -¡claro!- el desplome sufrido por estas partidas entre 2009 y 2011, que ha sido de 1.815 millones de euros. Por lo tanto, el ajuste real del capítulo de inversiones entre 2009 y 2014 superará los 2.130 millones de euros, el 24% del Presupuesto de este año.

Un ajuste dramático, en efecto. Necesario e imprescindible, sí. Aunque tremendamente desequilibrado.

Manuel Trapote. Periodista.
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