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Escritos en libertad

Villanueva busca en Polonia lo que no encuentra en España

martes 29 de noviembre de 2011, 14:09h
El día uno de enero entró en vigor el Reglamento de la Unión Europea que establece el cierre definitivo de todas las minas de carbón en el año 2018. El sistema ideado por las autoridades europeas es un despropósito de tal magnitud que uno tiende a pensar que en Bruselas existe un grupo de dementes con poder absoluto sobre estados soberanos. Y lo que resulta más grave, que en ocasiones actúan con alevosía y sospechosamente dirigidos por fuerzas ocultas. Léase intereses económicos muy particulares.

En el año 1990 la Unión Europea puso en marcha el plan de reconversión minera con un horizonte: los Estados podían sostener con ayudas propias la producción de carbón hasta cubrir el 15% de la dieta energética de cada país. De esta forma se conseguía un doble objetivo: defender una fuente autóctona de energía, cuestión fundamental para preservar una cierta soberanía nacional, y mantener un mínimo nivel de empleo en zonas donde es muy difícil el asentamiento de otras industrias alternativas.

Paralelamente la Unión Europea se está gastando miles de millones de euros en hacer del carbón una energía más limpia. En la actualidad están en marcha en Europa una decena de proyectos para la captura de CO2. Sangría económica que sale de nuestros bolsillos y que nos preguntamos ahora para qué. Una de las plantas piloto se desarrolla en El Bierzo, la Ciuden.

Y es que de forma sorprendente el día 1 de enero de 2011 entró en vigor un nuevo reglamento que establece el cierre definitivo de las minas en el año 2018. Sin paliativos.

En la actualidad el carbón español no puede competir con los precios internacionales, así que se requiere una subvención compensatoria. La mayor eficiencia en la extracción del mineral, que mejora año a año, y la progresiva subida de los precios, provocará que no tardando mucho el carbón español resulte competitivo en el mercado internacional. Hay que tener en cuenta que China, uno de los países exportadores a precio de ganga hasta ahora, en los próximos años se convertirá en importador.

Cualquiera puede pensar que el problema está resuelto, porque una vez que se igualen los precios en el mercado internacional las minas europeas podrán producir sin ayudas. Pues no es así. El empresario que quiera mantener la mina abierta tendrá que devolver la totalidad de las ayudas recibidas hasta entonces, en ocho años. La operación es inviable.

A partir de ese momento, por lo tanto, las centrales de carbón serán abastecidas únicamente con carbón importado. Porque no se prevé el cierre de las termoeléctricas, únicamente desaparece el combustible nacional que queman. Es decir, habremos investigado un sistema más limpio para quemar el carbón de otros países al tiempo que provocamos en paralelo una mayor contaminación, porque el mineral que llega a las centrales de León y Palencia será trasportado en barcos altamente contaminantes y en  camiones desde los puertos marítimos.

Los países productores de carbón pretenden ahora parar el invento del maligno. El pasado lunes se reunieron en Bruselas representantes de la Junta de Castilla y León y de la Comunidad de Aragón con las autoridades polacas con el fin de intentar modificar la decisión suicida al amparo del Plan Estratégico Europeo de la Energía hasta el año 2050, cuyo debate comenzará el mes que viene y se cerrará en marzo del 2012. El consejero de Economía de Castilla y León, presente en la reunión de Bruselas, no se mostraba especialmente optimista. Y es que no todos los enemigos del carbón están fuera de España. El sector espera también una señal de Rajoy.

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