Las imágenes conmocionan a España: Sergi Xavier M.M., un joven de 21 años, le pega brutalmente en un tren de Cataluña a una ecuatoriana de 16 años. “Zorra”, “inmigrante de mierda”, grita el agresor. Sin dejar de hablar por el celular, Sergi le toca un pecho, le da una patada en la cara y un puñetazo en la boca. El video, grabado por una cámara de seguridad del tren el pasado 7 de octubre, fue reproducido una y otra vez por la televisión, y reabrió un intenso debate sobre el trato a los inmigrantes.
“No soy racista ni nada”,
Pero el Movimiento contra la Intolerancia la contradice. El ataque que sufrió la joven es uno de los “más de 4.000 que se producen en España”, aseguró la organización no gubernamental, que denuncia que conoce sucesos racistas y xenófobos en 200 municipios del país. El miedo a denunciar de muchos inmigrantes “dificulta el conocimiento del volumen real de las infracciones penales”, explicó la agrupación.
Ese mismo miedo impidió a la joven ecuatoriana denunciar lo sucedido. Tras ser víctima de la brutal agresión, llamó a emergencias y dos agentes de la Guardia Civil la atendieron en estado de shock. Aunque no quiso denunciar, las fuerzas de seguridad actuaron: localizaron y detuvieron, doce días más tarde, al agresor, que se encuentra en libertad en espera de juicio y debe comparecer ante el juez cada 15 días.
La Federación de Asociaciones de Ecuatorianos en España lamentaron que esté libre. La menor, mientras, no sale de su casa. “Está muy nerviosa y recibe tratamiento psicológico”, explicó un familiar.
El Movimiento contra la Intolerancia habla de un “rebrote xenófobo”, y pide que se cree una fiscalía específica contra el racismo y los delitos de odio. España es un país que ve cómo el fenómeno de la inmigración ha crecido a grandes pasos en apenas una década. Según el Instituto Nacional de Estadística, de los 45,12 millones de habitantes, 4,48 son extranjeros, casi el 10% de la población actual.
Desde las instituciones oficiales, como en el caso de la directora general de Integración de Inmigrantes, se presenta a España como un país que no es racista. El Eurobarómetro, por ejemplo, la sitúa entre los más tolerantes del Viejo Continente.
Carmen González Enríquez, profesora de Ciencias Políticas que investiga sobre la integración de los inmigrantes en España, apunta a que la concentración espacial de estas personas en ocasiones genera una sensación de invasión en los españoles.
Así, las humillaciones a inmigrantes por el mero hecho de serlo son muchas: desde discriminación a la hora de obtener un trabajo o de alquilar una vivienda, hasta miradas, gestos e incluso insultos en espacios públicos. “Ves cómo un empleado te sigue por los pasillos de un comercio porque sospecha que no tienes dinero y puedes robar”, dice Luis, un boliviano. O cómo una mujer cambia de mano su bolso porque Pilar, una peruana, se sienta a su lado en el colectivo.
Frases como “en España mandamos los españoles” o “vete a tu país” las escuchan muchos con demasiada frecuencia. Según Intermón Oxfam, los inmigrantes cobran además un sueldo inferior (entre un 30 y un 40% por debajo del salario medio) y pagan más por las hipotecas.
Crecimiento económico. Pero también hay datos para el optimismo. El 73,7% de los españoles considera que la inmigración contribuye de forma importante al crecimiento económico, según el informe anual del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia. Si bien también es cierto que el 61,8% cree que su número es excesivo.
“No podemos bajar la guardia”, dijo ayer el secretario de Movimientos Sociales del Partido Socialista, Pedro Zerolo. El video de la agresión a la joven ecuatoriana “nos muestra que las semillas del odio siguen estando ahí”, aseguró.
Mientras tanto, en otro tren de Cataluña, un centenar de pasajeros fueron ayer los protagonistas: se amotinaron contra un guardia que decidió pedir el boleto sólo a un pasajero negro.
dijo el agresor.
“Estaba muy borracho”, aseguró, y afirmó que no recuerda bien lo que sucedió. Pero el hecho disparó la pregunta: ¿Son racistas los españoles?
“Pensamos que es un hecho aislado”, se apresuró a asegurar la directora general de
Integración de Inmigrantes,
Estrella Rodríguez, sobre la agresión
“claramente xenófoba y racista”.