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Las cartas del Abuelo Pascasio: la almendra en el aquelarre

Las cartas del Abuelo Pascasio: la almendra en el aquelarre

lunes 11 de mayo de 2015, 14:43h
Muy querida nieta Cristina:
 
            Sigo con asuntos en el tintero como ser la intervención en el Centro Gallego pero acaba de ingresar en la agrupación el buen amigo Germán García y corresponde que te informe de su enorme alegría porque designaste a su hijo para el importante cargo de Director General de Cultura del Ministerio de Cultura de la Nación. La verdad es que acá arriba saco pecho cuando mi nieta se rodea de colaboradores de sangre gallega. Después de Castiñeira de Dios tenés ahora al "gayego" Rodolfo García que todos asociamos con el nacimiento del rock en la Argentina pero empezó tocando el acordeón.



 
            Te voy a adelantar un poquito sobre el origen de la pasión musical de Rodolfo en el barrio de Belgrano antes de transcribir el resumen de lo que nos comentó el compañero Germán. Es importante destacar que si Rodolfo entró en el mundo musical fue debido a que desde muy pequeño escuchaba el acordeón del padre que formaba parte del famoso grupo de acordeonistas fundado por los hermanos Pedro y Manuel Moreira. Los dos hermanos eran nativos de la parroquia de Tella en el municipio coruñés de Ponteceso. Los que pasaban por la esquina de Arribeños y Monroe se frenaban un cachito para escuchar los sones melodiosos del folklore tradicional gallego. Rodolfo creció con una muiñeira en la oreja. Tenía buen oído pero además recibió clases de un profesional, el bandoneonista de la orquesta de Juan D´Arienzo, Eladio Blanco.


 
            Vamos ahora a lo que expresó el padre de Rodolfo: "Me honran ustedes con su amistad al permitirme el ingreso en la agrupación "Cristina da Fonsagrada", un acontecimiento que me permitirá colaborar activamente para que la nieta de don Pascasio siga al timón de la nave del progreso en la Argentina. Estoy encantado al ver que mi hijo está haciendo un buen laburo en el área musical del Ministerio de Cultura. Es cierto que nunca fue un pibe muy estudioso pero heredó el talento natural de los viejos músicos ambulantes que recorrían las aldeas gallegas. Me sentía lleno de sano orgullo cuando tocaba en el acordeón alguna pieza de mi infancia como por ejemplo: "Aires de Bergantiños". A Rodolfo le gustaban mis relatos de Laxe. Decía que algún día se bañaría en aquella playa de agua fría con arena de porcelana. Cuando descubrió las limitaciones del instrumento para el rock se pasó a la batería. Las canciones de Elvis, Bill Haley o Litle Richard le sonaban espantosamente mal en el acordeón. Para tranquilizarlo, por si pensaba que estaba decepcionado, le dije que en Galicia el grupo de acordeones de los hermanos Moreira contaba con un baterista. Se iba a las fiestas con acompañamiento de percusión ya que siendo las romerías al aire libre se necesitaba hacer algo de ruido. Las vueltas de la vida. Me acuerdo de charlar con sus amigos Luis, Emilio y Edelmiro cuando dieron sus primeros pasos musicales creando el exitoso y pionero "Almendra". Luis vivía en Arribeños y Congreso; Edelmiro en Arribeños y Manuela Pedraza y Edelmiro en Montañeses. Los tres iban a un colegio católico del barrio, el San Román, pero mi esposa y yo nunca quisimos que nuestro hijo tuviese nada que ver con los curas. Como pueden suponer, venía quemado por los garroneros de sotana. Rodolfo fue a la "colimba" en marzo de 1967 y sus tres amigos lo esperaron para poner el grupo en marcha. Se llevaban estupendamente. No había egolatrías entre ellos. Les voy a contar que el primer simple que grabaron lo hicieron con un equipo prestado por un productor que se lo había comprado a los "Tremeloes" de cuando actuaron en la  Argentina. Como despedida les voy a poner dos canciones en las que mi hijo canta. Quiero que comprueben que afinaba bien, el muchacho. Va primero el tema "Campos Verdes" que tiene algo de morriña y después "Silencio Marginal" que es más fuerte al dejar atrás la almendra para pasarse al aquelarre. Agradezco me permitiesen chamuyar sobre mi hijo. Los emigrantes nos esforzamos en la educación de nuestros hijos y nos reconforta el comprobar que nuestros descendientes triunfan en su patria sin olvidarse de las raíces que están al otro lado del mar".


            Me despido no sin antes agradecerte que te hayas acordado del aniversario del Centro Gallego. No pudiste ir a celebrarlo, otra vez será, pero asistieron en tu representación el ministro Tomada y la viceministra "gayega" Rial [te acordarás que te dije que nació allí] para apoyar al interventor La Blunda que está intentando llevar a buen puerto nuestro agujereado barco de la esquina de Belgrano y Pasco. Recibí el recuerdo más cariñoso del viejo emigrante de la montaña fonsagradina.
 
                                                                                              Pascasio Fernández Gómez
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