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El hurón: ¿Diálogo de sordos o de besugos?

El hurón: ¿Diálogo de sordos o de besugos?

Debate, debate, debate…, la verdad es que estoy hasta el gorro de leer o escuchar esta palabreja que, según el diccionario de la Real Academia, en sus dos únicas acepciones, significa controversia, discusión, contienda, lucha o combate. ¿Es esto lo que pretenden los que, un día sí y otro también, claman por subirse al ring? Los debates, seamos serios, son clases prácticas de demagogia, de promesas de difícil cumplimiento, anzuelos en los que ‘picamos’ los periodistas para rellenar un montón de líneas que no le interesan a nadie. La única justificación es que el menos conocido de los candidatos siente la necesidad de darse a conocer, utilizando todo tipo de artimañas para llamar la atención. Morbo, puro morbo. Se trata de un combate al que pomposamente llamamos debate. -¿Y  si le llamáramos diálogo?, demanda Gumer. Sería mucho mejor. El diálogo es una plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas. Claro que, bien mirado, suelen terminar en diálogo de sordos o, en ocasiones, diálogo de besugos. Si los políticos tuvieran que pagar por las promesas que no cumplen, otro gallo cantaría. -Como teoría no está mal,  pero vayamos al grano… Me pongo malo. Yo no quito, ni pongo rey… pero en el caso del presidente Herrera creo que hace lo debido. ¿O es que alguien duda de lo que piensa?  Óscar López,  ya se ha encargado de disparar contra todo lo que se mueve minuto. ¡Qué desastre de estrategia! Con todo lo que ha soltado por su boca en su eterna campaña dudo si es el chico más listo de la clase o, por el contrario, aprieta poco porque abarca mucho. -¿Vuelves a la carga….? -De verdad que no quería… pero bueno este es el país que nos merecemos. Y encima leo una encuesta (mayormente colegas y profesores de universidad) que se llenan la boca diciendo que no hay democracia sin debate. Yo creo ciegamente en el diálogo responsable, no en las contiendas y combates. Claro, así nos va. Por supuesto que hablamos poco pero, al final, dentro de pocas semanas las urnas dictarán su veredicto. Posiblemente, sería bueno un relevo, pero no es menos cierto que el sustituto ni ha venido, ni se le espera. JVH, parece, sigue al maestro chino que se preguntaba: ¿Qué se ha de hacer cuando el enemigo ataca? Retirarnos, ¿Qué se ha de hacer cuando el enemigo se retira? Atacar. -Largas mucho, jefe, pero los lectores te piden nombres… Carnaza, no. Qué razón tenía mi amigo Anciones, que también era de Valladolid, cuando me decía que este país tenía que estar prohibido. Onésimo, este era su nombre, era un genio, un artista que ya había triunfado en la Bienal de Alejandría, que para suerte de este oficio se nos había colado en las filas periodísticas, con la disculpa de lo que entonces llamábamos ‘tirar líneas’ (arte puro en el diseño de periódicos). Yo no sé, mi querido Gumer, si nos tienen que prohibir o nos tienen que encerrar, pero algo habrá que hacer,  porque esto no hay quien lo aguante. Hemos convertido el patio en una casa de lenocinio y la madame ha perdido las llaves. ¡¡Socorrooooo!! Félix Lázaro. Periodista. Las notas de Gumer.- 1. Me dice mi jefe que podéis empezar a dispararle. Que está preparado. Que aunque nadie lo crea él no es ‘herrerista’. ¡Cualquiera lo diría! Huronianamente hablando el presidente no nos hace ni puto caso. 2.- ¿Saben ustedes conjugar el verbo picalbear? ¿No? Pues van de popa, porque me dicen que es el amo del bisturí tras el 22 M. Y los aspirantes son muchos, pero los puestos pocos.
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