La guerra contra Gaddafi y el Protector Unificado en Libia
A los ejércitos les suele ocurrir como a las funerarias: Tienen una curiosa forma de nombrar a sus misiones. Funeraria La Esperanza, Los Remedios, Futuro Previsor, son nombres que hemos oído en algún momento. De las últimas guerras me suenan Tormenta del Desierto, Libertad Duradera, y Libertad Iraquí, aunque este último nombre el Presidente Barack Obama, más comprensivo con el Islamismo que su antecesor, lo cambió por otro casi islamista, Nuevo Amanecer, Al Fajr el Jedid, que es como se llaman en árabe numerosas organizaciones y publicaciones islamistas.
La guerra contra Gaddafi, después de algunos dimes y diretes no resueltos sobre quién la dirige, quién la ha convocado, o quién la apoya, se llama ahora Protector Unificado en Libia. No es ninguna ironía. La OTAN parece convencida de que cambiando el nombre el pueblo libio, y los ciudadanos europeos y americanos, la van a percibir de forma más favorable. Mientras tanto la Coalición, otro eufemismo recurrente, ha dado el paso que desde el inicio de la guerra dijo que no daría: poner los pies o las botas militares sobre el terreno. Expertos militares británicos y franceses van a apoyar a los rebeldes, que al parecer son un desastre de organización y no saben siquiera quién les manda, y les van a ayudar a organizarse y a entrenarse.
El Grupo de Contacto sobre Libia, que ya no es el Consejo de Seguridad ni la ONU, decidió en su reunión en Doha el pasado día 13, que Gaddafi y su régimen han perdido toda legitimidad. Después el Presidente Barack Obama, Nicolás Sarkozy y David Cameron, que no son la ONU, ni el Consejo de Seguridad, ni el Grupo de Contacto, decidieron que el objetivo de la guerra en Libia es que se vaya Gaddafi . Así es que complicaron, al menos moralmente, la justificación de la misión de las fuerzas españolas en esa guerra, que ahora es técnicamente un intento de cambiar al régimen, y no solo prestar ayuda humanitaria al pueblo libio.No está mal para una misión original a la cual la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad, que le sirve de paraguas legitimador, solo le asignaba como objetivo proteger al pueblo libio.
La ministra española de Defensa recordó con razón en la sesión del Parlamento que prorrogó en dos meses la misión española en la OTAN, que en febrero ya habían muerto cinco mil libios por la represión desatada por Gaddafi. Algunas organizaciones han advertido que la zona de exclusión aérea puede evitar que en Benghazi, o en Misrata o cualquier otra ciudad libia se reproduzca una nueva Srebrenica, donde murieron 100.000 personas. De esta manera se induce a valorar el esfuerzo de la OTAN por los muertos que no han muerto pero podrían morir, y no por los 10.000 que sí han muerto y los 55.000 heridos, por la actuación de ambos lados, unas cifras divulgadas por el Consejo Nacional Libio que algunas organizaciones humanitarias consideran conservadora.
¿Pero quién está de acuerdo con la guerra de Libia? La pregunta es pertinente porque de los 27 miembros de la Unión Europea, Alemania, llamada la locomotora de Europa, rehusó intervenirpor presentir lo que en verdad ha ocurrido: que la OTAN, para salvar su prestigio ahora y ganar, se va a ver obligada a emplear fuerzas sobre el terreno. Al final, solo cinco o seis países europeos parecen de acuerdo con esta misión. Con un Consejo Nacional Libio que tiene dos generales que pretenden estar al mando de las fuerzas rebeldes, y en cuya composición se sospecha que tienen una cierta importancia radicales islamistas, si se quiere ser eficaz habrá que hacer lo que han hecho el Reino Unido y Francia, enviar asesores sobre el terreno.
La Liga Árabe, 22 países miembros, a través de su Secretario General, AmrMussa, el egipcio que mayores posibilidades tiene de suceder a Hosni Mubarak, ha acusado a la OTAN de extralimitarse en la aplicación de la resolución 1973.Ahora solo Qatar apoya abiertamente la ayuda militar a los rebeldes, pero lo hace a su aire y a particulares, sin coordinarlo con el Consejo Libio y previsiblemente tampoco con la OTAN.
La Unión Africana, 45 países de una ONU de 192, envió una misión mediadora a Libia que fracasó porque los rebeldes no quisieron aceptar el alto el fuego y la negociación entre las partes interesadas que proponía. La OTAN tampoco vio con buenos ojos esa mediación y pasó olímpicamente de ella. El Parlamento británico ya es escenario de debates tempestuosos sobre la actitud en esa guerra del gobierno de Cameron, y al presidente Obama le surgen también críticos. Claro que la actitud de Estados Unidos en esta guerra es difícil de determinar. Por un lado el Secretario de Defensa, Robert Gates, dice que en ella no se juega ningún interés fundamental de Estados Unidos, y por otro el Presidente sostiene que la guerra seguirá hasta que se vaya Gaddafi.
La prensa anglosajona dice que la única verdadera acción eficaz de las fuerzas de la coalición fue cuando ésta estuvo dirigida por el Africom, mientras los europeos se ponían de acuerdo sobre quién debía dirigirla. Finalmente se acordó que fuese una OTAN a la carta en la que oficialmente Estados Unidos solo estará para aplicar la Resolución 1973. Eso me recuerda que en la guerra hispano norteamericana de 1898 que tantos trastornos posteriores causó a España, el magnate RandolphHearst decía a su enviado especial en La Habana: Ponga usted la información que yo pondré la guerra. En Libia se ha puesto primero la guerra y luego la información o la justificación.
* Domingo del Pino es especialista en el mundo árabe, ex delegado de la Agencia EFE en Marruecos, ex corresponsal de El País para el Norte de Africa, fue miembro de la Euro Med and the Media Task Force de la Comisión Europea y, actualmente, es miembro del consejo editorial de la revista bilingüe Afkar/ideas; colaborador de Política Exterior y Economía Exterior; de la Revista Española de Defensa; y director del Aula de Cooperación Internacional de la Fundación Andaluza de Prensa.