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¿Estamos locos o qué?

La columna de Gema Lendoiro: Silencio gitano

La columna de Gema Lendoiro: Silencio gitano

No hay nada como tener una buena excusa para hablar de algo. El refrán “aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid” me viene hoy niquelado. Desde hace un tiempito, semanas pongamos por ejemplo, tengo ganas de sentarme y teclear de lo que hoy va mi columna. Pero no encontraba el gancho. Hoy sí.
Ayer fui al estreno de Calé, del bailarín Joaquín Cortés en Teatro Gran Vía. Los periodistas, cuando aceptamos una invitación a un estreno sabemos que guarda una particular trampa-compensación: tú me invitas, yo hablo de tu espectáculo. Y la verdad es que quisiera pero lo cierto es que no sé explicar qué vi. Que baila muy bien, que la coreografía es muy buena, que los trajes son excelentes, que las bailarinas son todas esculturales y que los músicos son tan artistas como el propio Joaquín. Pero no soy crítica de arte, ni de danza ni de flamenco ni de ná. Soy criticona que es muy diferente. Sin embargo no quiero aprovechar la circunstancia para criticar nada de Joaquín, sino de su entorno.

    El bailarín siempre ha llevado una vida discreta aunque, eso es así, no lo ha conseguido. Sé más de los amoríos de Joaquín que de los de mi prima. María Pineda, Naomi Campbell, Marisa Jara…siempre mujeres de raciales. Como él. El gitano (como a él le gusta que lo llamen) interesa mucho a la prensa del corazón. Muy a su pesar los que la dirigen se frotan las manos cada vez que le descubren romance. Romances por otra parte que siempre son con mujeres bastante conocidas. Se ve que cuando eres famoso tiendes a conocer a gente famosa. Ellos son también muy endogámicos.

    El caso es que últimamente la vida de Joaquín se ha visto salpicada por un tema desagradable. Una chica, de la que me niego a escribir su nombre, le reclama la paternidad a Joaquín del hijo que tiene. Ella, ex asistente personal del bailarín, ó sea la que se encargaba de hacerle y deshacerle las maletas ha decidió tirar por la calle del medio y ha reclamado todo vía plató de televisión.

    Yo no me posiciono al lado de las mujeres por el hecho de ser mujer. Es más, huyo de las etiquetas como de un nublao. Me espanta la gente que siempre se quiere incluir en un grupo, club, pensamiento…yo voy a mi aire que es lo más cómodo. Luego no soy feminista, ni machista ni nada. Entiendo que una mujer reclame la paternidad a un hombre si cree que él es el responsable de la criatura. Y entiendo que si así es, ese hombre se haga cargo de su manutención (a medias) pero también de su educación (a medias también). La muchacha esta parece que no lo tiene tan claro como yo y va más bien (así lo demuestra) buscando algo muy distinto al padre de su hijo. Más bien quiere notoriedad y la pasta que ésta conlleva.

¿Será o no será el padre?

    Y así, en su pecado, lleva la penitencia. Joaquín no se ha negado a hacer las pruebas de paternidad. Si ella las reclama es porque tiene claro que el bailarín es el padre. La justicia dirá la última palabra. Pero mientras tanto, el daño ya se va dejando caer.

    Muchacha, flaco favor te estás haciendo y flaco favor le estás haciendo a tu hijo paseando por los platós contando tus desgracias entre pucheritos que, particularmente, no me creo. Si el hijo es de Joaquín: tribunales y sanseacabó. El espectáculo déjaselo a Joaquín encima del escenario que él es el profesional en esto. Los hijos no pueden ser moneda de cambio por mucho beneficio económico que te aporten. Mujeres como tú hacéis bajar peldaños en la consabida lucha por la igualdad. Recapacita y deja las cosas que sigan su curso, pero en silencio, no televisado.

    Joaquín, mientras, sigue con silencio gitano. Para hablar ya tiene a sus pies y sus piernas y el taconeo que éstas pronuncian. Suerte, Joaquín.
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