Yo también
Salía la presidenta de la Comunidad muy satisfecha de su encuentro con Zapatero, (la verdad es que ver a Aguirre con el logotipo de Moncloa detrás, da para reflexionar). Decía Esperanza Aguirre que el presidente “es muy simpático, y yo también, ahora hace falta que se cumplan los compromisos que ha adquirido con los madrileños”.
La política es el arte de llegar a acuerdos y de acortar distancias en beneficio de los ciudadanos. Ese encuentro le pone el broche feliz a una jornada que empezaba mal en Pinto donde unos alborotadores quisieron estropear la moción de censura, y bien que lo consiguieron. El presidente accidental de la mesa, Carlos Penit de Izquierda Unida, amenazó con desalojar el pleno. La pregunta es por qué no lo hizo. El esperpento de Pinto no beneficia a la imagen de la democracia y no es de recibo en un Ayuntamiento serio. Dejemos a un lado la oportunidad política de presentar esta moción, y los cambios asombrosos de criterio que tiene algún tránsfuga, pero quedémonos con la imagen deplorable de una manera de hacer política de muy poca altura. Los gritos tanto para el PP, como para el PSOE, y los empujones al coche de Tomás Gómez no son nada edificantes.
De ahí que el encuentro de Esperanza Aguirre con José Luís Rodríguez Zapatero haya puesto un final feliz a un lunes de rayos, truenos y “cajas” destempladas.
Si la presidenta consigue que Zapatero cumpla sus compromisos será bueno para todos los madrileños. Estamos en época de crisis y de incertidumbres, por eso son plausibles estos encuentros que terminan en acuerdo.
Dicen que a Zapatero lo que más le toca las narices es que Aguirre diga eso de: “cero, Zapatero, patatero”. Esta vez no tocaba. Al contrario, ha habido una interesante fumata blanca que salía por las chimeneas de Moncloa y que habrá que vigilar su evolución en los próximos días. Quizá ese exceso de fumata perjudique las maniobras de Papá Noel pero habrá que darlo por bueno.
Aguirre, elegida personaje político del año por los lectores de “MADRIDIARIO”, sigue siendo el político más en forma del PP. Un año que empezó con el “no me resigno” y que termina con un castizo: “y yo también”.
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