lunes 28 de julio de 2014, 15:36h
El Ministro de economía y su gente insisten en que la única
alternativa que les ha dejado el fallo del juez Griesa es caer en default, o
negociar con los fondos buitres el cumplimiento de su sentencia y que se dispare
la cláusula que le otorga a los tenedores de bonos del canje el derecho de
exigir el mismo tratamiento de pago que "voluntariamente" la Argentina le
ofrezca a otros acreedores, en la medida que dicho ofrecimiento sea mejor a lo
que ya han recibido por el canje (cláusula RUFO).
Sin embargo, este es, a mi modesto juicio, un falso dilema,
o al menos, un dilema al que no se debió haber llegado.
La cláusula RUFO está escrita en los bonos argentinos desde
su emisión y la sentencia del juez Griesa tiene más de dos años de antigüedad.
En ese lapso, el gobierno argentino, más de una vez, le
expresó al juez su compromiso de cumplir su sentencia, sin hacer mención alguna
al problema que significaba cumplirla, antes del 31 de diciembre de este año,
cuando dicha cláusula vence.
En ese contexto, y dado que la Argentina tiene compromisos
de deuda por décadas, todavía estamos a tiempo de presentarnos frente al juez y
solicitarle seis meses más de plazo para ejecutar su sentencia, ofreciendo
algún compromiso para garantizarle que la Argentina no utilizará ese lapso para
intentar alguna maniobra que le permita, eventualmente, eludir el cumplimiento
de su sentencia. (La Real Academia Española define al engaño, o estafa en un
negocio o en el pago de una deuda como "pufo").
La alternativa del default, aunque sea "controlado" o
"limitado" o "sólo por seis meses" implica riesgos equivalentes al tema de la
RUFO.
Que los acreedores que entraron al canje no reciban el pago
pleno de la cuota que vence a fin de mes, puede disparar, dentro del plazo de
los próximos seis meses, acciones que conviertan en obligatorio el pago
inmediato de todos los bonos del canje, bajo ley extranjera o, inclusive, bajo
algunas hipótesis, también los de ley argentina.
Es decir, el default también puede tirar abajo toda la
reestructuración de la deuda.
Dicho sea de paso, la comunidad financiera internacional no
se ha dado por aludida, frente al "problema" que el fallo Griesa pudiera
ocasionar a futuras reestructuraciones de deuda. Las colocaciones que hicieron
países como Ecuador, Brasil o Grecia, posteriores al fallo, no registraron ni
aumentos en las tasas de interés pagadas, ni acortamiento de los plazos.
Retomando, el gobierno argentino, al menos hasta el momento
de escribir estas líneas, parece haber preferido ingresar al dudoso experimento
del default "acotado", en lugar de solicitarle al juez las condiciones en que
éste estaría dispuesto a conceder los seis meses de plazo requeridos, para
alejar toda duda sobre el efecto del cumplimiento de su sentencia.
En lugar de "apretar" al juez, en el buen sentido,
obligándolo a pedir "algo" o aparecer como intransigente inútilmente, se ha
preferido, al menos hasta ahora, innovar también en materia de default, no
pagando, aún pudiendo hacerlo.
Cabe preguntarse, entonces, si estamos frente a una
impericia negociadora, cosa que, sinceramente, no creo.
Ante una genialidad negociadora, cosa que tampoco creo
porque, dado los antecedentes de los pagos a Repsol o al Club de París, dentro
de seis meses estaremos pagando más caro el arreglo con éstos y el resto de los
holdout.
O si estamos frente a una nueva maniobra de marketing
político que permita mostrar que se hizo "todo" para defender el interés
nacional. Mientras lo que se hace es mala política económica.
La destrucción de la oferta agropecuaria fue "la defensa de
la mesa de los argentinos".
El esquema de precios que convirtió al sector energético en
deficitario por mucho tiempo, es el "fomento a la producción industrial y el
consumo".
Pasar del 2% mensual de inflación a una inflación del 4%
mensual , por la explosión monetaria de fin de año que obligó a un salto
devaluatorio y a la suba de la tasa de interés, fue "un golpe de mercado". Y
volver al de por sí desastroso 2% mensual es "el éxito de los precios cuidados,
frente a la perversidad empresaria".
Ahora, este paupérrimo fin de fiesta del estatismo
populista, será "el costo que nos hace pagar la comunidad financiera
internacional, por nuestro el éxito de nuestro modelo".
Insisto, todavía estamos a tiempo de evitar otro experimento
con elevados costos para la gente.