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Sin pena ni gloria

Sin pena ni gloria

Así terminó la reunión de los presidentes de Venezuela y Colombia (+ el de Honduras), celebrada el sábado pasado en Cartagena. A pesar de que no había grandes expectativas porque se sabía que las posiciones de los dos gobiernos en ese ámbito son totalmente opuestas, la atención de la opinión pública de ambos países, particularmente la del sector privado, estuvo centrada en lo que habría de ser el resultado de la reunión en el ámbito comercial, económico y financiero. Las diferencias profundas en los modelos económicos y sus fundamentos de carácter filosófico, político e ideológico han impedido llegar a un acuerdo en lo relacionado con el comercio. La parte colombiana rechaza la pretensión de someter el comercio bilateral a un régimen estatizado, controlado y administrado. La parte venezolana rehúsa desarrollar el comercio recíproco dentro de un ambiente abierto, libre y sin aranceles. No era difícil, por lo tanto, predecir que la cumbre de Cartagena fracasaría en este ámbito. Seguramente esta es la razón de fondo por la cual fue suspendida la reunión programada para el 1º. de abril que se trató de justificar con un supuesto desperfecto del avión presidencial. El Presidente Santos, consciente de que no sería posible alcanzar un acuerdo desde un comienzo trató de bajarle el perfil a la reunión insistiendo en que su único propósito era realizar un "monitoreo" de los acuerdos alcanzados anteriormente. ¿Pero acaso es tarea de los presidentes llevar a cabo el monitoreo de los acuerdos suscritos por ellos? ¿Para qué sirven los ministros y los funcionarios técnicos? Por otra parte la víspera del encuentro los empresarios colombianos sabían que no habría acuerdo para adoptar decisiones en materia comercial. Por ello insistieron en que se exigiera al gobierno venezolano la extensión de las preferencias arancelarias para evitar que a partir de 22 de abril, fecha en que se oficializa el retiro de Venezuela de la CAN, el comercio bilateral quedara en el limbo por falta de normas que lo regulen. Como sabemos esto fue lo que se acordó. Esto es, sin lugar a dudas, un punto a favor de Colombia. En otro de los arrebatos de acuerdorragia que lo caracterizan, el inquilino de Miraflores logró que Colombia firmara 16 acuerdos bilaterales sobre una gran variedad de temas, algunos de los cuales son copia carbón de los que había con Argentina, Uruguay y Bolivia en su truncada gira de la semana anterior y que al final se quedan en el papel y otros reviven ofrecimientos y compromisos pasados también pendientes de materialización. La sorpresa de la reunión fue la imprevista aparición del Presidente Porfirio Lobo. Este es también un punto a favor del Presidente Santos quien, sin que nadie lo sospechara, juega el papel de mediador para lograr la reincorporación de Honduras en la OEA. El propósito es despejar un tema de discordia para la 41 Asamblea de la Organización regional que tendrá lugar en San Salvador del 5 al 7 de junio próximo. Cuando Porfirio Lobo fue electo presidente el führer venezolano lo calificó de ilegítimo. "El nuevo presidente ilegítimo de Honduras asumió el cargo rodeado por los militares golpistas (...), los mismos que reprimieron al pueblo y echaron a Zelaya del gobierno", dijo en un acto oficial, transmitido por la televisión venezolana. Ahora, tal como tuvo que hacerlo en el caso de Juan Manuel Santos, el mandón venezolano ha tenido que tragarse sus palabras y otros epítetos que le dedicó al presidente hondureño. En uno más de sus desplantes de cinismo e hipocresía ofreció reanudar pronto las relaciones bilaterales y se comprometió a apoyar el reingreso de Honduras a la OEA. Del resto, fue una reunión deslucida y ausente de transparencia. Sobre todo esto último. Los empresarios privados venezolanos, en ningún momento fueron tomados en cuenta y sus opiniones y recomendaciones fueron totalmente ignoradas. Al final de la cumbre bilateral realizada en agosto del año pasado en Caracas el führer dijo: "el mundo debe saber que estamos resueltos a que nada ni nadie nos descarrile, y nada ni nadie nos va a descarrilar". En Cartagena volvió con el tema del descarrilamiento: "No nos vamos a descarrilar. Los descarriladores, frustrados se quedarán, porque no nos van descarrilar". ¡Qué falta de originalidad!
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