Preocupa el silencio de gremios periodísticos y culturales, asociaciones de prensa y periodistas honestos ante las lesiones a la libre expresión que protagonizan miembros de este Gobierno de "manos limpias y corazones ardientes".
A los repetitivos ataques contra la prensa en labios del presidente en sus habituales intervenciones de los sábados, se suman algunas acciones de sus colaboradores, posiblemente estimulados por los ejemplos verbales del presidente. Ningún gremio periodístico ha protestado por las infantiles y torpes acusaciones de la ministra de Vivienda en el sentido de que los periodistas pagan para que se quejen los beneficiarios de las viviendas mal construidas, ni han exigido a la funcionaria nombres y pruebas de los supuestos acusados. Las clausuras de diversos programas en la televisión incautada y en manos del Estado por considerar a esos programas ofensivos al Gobierno, la censura a un cuadro dentro de una exposición de arte, censura protagonizada por el director de la Comisión de Tránsito del Guayas, y otras lesiones contra la libertad de expresión y pensamiento no han sido tomadas en cuenta por quienes se hallan primero obligados a defender estas libertades. Las autoridades de la Universidad Católica de Guayaquil han reaccionado tarde y timoratamente por la incursión de ese funcionario de Tránsito.
El país no discute ni cuestiona. Solo acepta la imposición propagandista de un Régimen cada vez más perdido en la defensa de sus particulares visiones.