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Desánimo de viernes noche

Desánimo de viernes noche

El viernes, mientras el pánico –la situación más temida en los mercados– provocaba el desplome de las Bolsas lo mismo en América que en Asia y Europa, un rosario de malas noticias castigaba los mercados de nuestro país. Fueron primero los analistas de Credit Suisse, que sitúan a España como el quinto país del mundo con más riesgo en la crisis financiera. Poco después, el Instituto de Estudios Económicos difundía una previsión según la cual nuestro país, que ya encabeza el temible ranking del paro en la Unión Europea, acentuará ese indeseado liderazgo a lo largo del próximo año 2009, hasta situarse quizá en el 14% de tasa de desempleo, o aún más alta. Y para que no faltase de nada, los datos de la encuesta de población activa del INE nos informaban de que, sólo en el tercer trimestre del año actual, se produjeron 217.200 parados más.

La pura supervivencia de las empresas multiplica los expedientes de regulación de empleo, mientras las suspensiones de pagos desbordan la capacidad de los juzgados mercantiles. En un escenario de más de dos millones y medio de parados, más de 600.000 familias españolas se encuentran con que ya no tiene trabajo ninguno de sus integrantes. Y estas cifras crecerán en los próximos meses, es posible que hasta los cuatro o más millones de parados cuando termine 2009..Las comparecencias de la vicepresidenta Fernández de la Vega y del ministro de Exteriores, Moratinos, eran este viernes patéticas y no hacían sino acentuar el pánico en los mercados.

Mientras tanto, nada menos que el Reino Unido se asomaba al abismo de la recesión y el índice Nikkei de la bolsa de Tokio caía el 9,60 %, el Dow Jones recortaba casi un 3,6 % adicional y el Eurostoxx casi un 5%. En Europa, las mayores caídas correspondían naturalmente al Footsie de Londres, con pérdida del 5% y al español Ibex 35 con caída del 5,2%. Puede ayudar a entender la dimensión de la crisis el que situado este viernes nuestro Ibex 35 por debajo ya incluso de los 8.400 puntos, supone que nuestros mercados han perdido casi el 45% de valor en lo que va de año y más del 50% en aproximadamente un año.

Los dimes y diretes sobre la conversación telefónica entre Miguel Ángel Moratinos y la influyente secretaria de Estado norteamericana Condolezza Rice bordean el tan español género de la astracanada. ¿Quedó claro que Rodríguez Zapatero estará en Washington, como afirma Fernández de la Vega, o de momento sólo es que Condolezza Rice fue “sensible” a los argumentos a favor de la presencia de Rodríguez Zapatero, como dice el propio ministro, o la secretaria de Estado explicó a Moratinos que nuestro actual presidente “no es grato” en Washington y que su exclusión es personal y no de España, como dicen las fuentes diplomáticas norteamericanas? Imposible saberlo.

Suceda lo que finalmente suceda, nunca España, desde décadas atrás, había estado internacionalmente tan “fuera de circuito”. No son impunes las frivolidades en política exterior, incluyendo las raras y peligrosas amistades, las islamistas y las otras. Sin embargo, y a pesar de lo que eso pudiera ayudar a operaciones mediáticas de cortoplacismo político, hay que desear que finalmente España esté en la cumbre de Washington, mejor o peor representada. De otra manera, sería la primera vez, desde el restablecimiento de la democracia, que nuestro país –una gran nación de importante peso histórico, cultural e incluso económico– se vería internacionalmente marginado, y es algo que no nos conviene.

Esta peor que difícil situación económica ofrece derivadas singulares, y así se puede escuchar algo tan retórico y bonito como la “reivindicación del humanismo y el espíritu de superación frente a los males de un mundo en crisis”. Claro, el humanismo, siempre. ¿Y quién podría censurar “el espíritu de superación”? Pero ¿qué tiene todo eso que ver con la crisis económica y la crisis financiera globales y mucho menos con soluciones para esta situación? Tras el huracán intervencionista que, a partir de su epicentro en el ya para la historia “plan Paulson”, se ha extendido por todo el planeta y que tanto alimenta la pulsión de muchos políticos hacia el ejercicio inmoderado del poder ¿será posible que la calma y el buen sentido sucedan a la tempestad? ¿Será posible volver a los valores del mercado, que son los valores de la libertad y el progreso? 

La crisis económica global está muy lejos de ser controlada y nos deparará nuevos y duros sobresaltos. Ahora ya sabemos que no cabe esperar ni siquiera para 2010, quizá ni para 2011, el inicio de la siguiente fase expansiva del ciclo. Algunos expertos estiman que la intensidad y profundidad de esta crisis  pospone quizá cuatro o cinco años el cambio de tendencia. Y algo más, ahora ya sabemos que España es y va a seguir siendo uno de los países más castigados por esta crisis. A cualquiera le apetece la comodidad de las palabras bonitas y del optimismo alegre. Pero la verdad es la que es y no va a desaparecer de nuestro horizonte por negarnos a verla.  

Aplíquese el Estado a corregir y castigar esas desviaciones, pero no a invadir el mercado, porque la recuperación no vendrá de más intervención del Estado sino todo lo contrario, de más libertad de Mercado. Zarandeados por las tempestades del presente, como escribió en los años treinta el político radical socialista Alvaro de Albornoz, que fue ministro republicano de Justicia, conviene ser “más liberales hoy que ayer, más liberales mañana que hoy, liberales siempre”. Incluso en las tinieblas de la crisis actual, la receta de los viejos y honrados liberales de ayer sigue hoy vigente: más Mercado y menos Estado. Ojalá fuera esto lo que saliera de la cumbre de Washington, aunque no es razonable hacerse muchas ilusiones.
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