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El mundo al revés

Se podría pensar que lo que este servidor tiene con nuestra presidenta es fijación, que la veo protagonista de todas las películas de catástrofes, que me parece encontrarla detrás de cada esquina a la barbaridad o de cada bocacalle a los desmanes, a la tristeza… Pero no, amigos y amigas, en absoluto. Lo que realmente siento por Esperanza Aguirre es admiración. Admiración por la absoluta inversión del orden lógico de las cosas que intenta  abanderar en nuestra comunidad, tratando de que lo público pase a ser privado y lo privado a publico con actuaciones como la venta del Canal, la desarticulación de la sanidad pública o la lucha por la toma del poder en Caja Madrid.

Ya la semana anterior presenciamos atónitos el anuncio de la privatización del Canal de Isabel II -empresa que reporta a las maltrechas arcas públicas la nada desdeñable cantidad de 76 millones de euros anuales- absurdo que busca justificarse en el ridículo argumento de que de esta manera los madrileños seremos propietarios de nuestra agua. Concepto interesante, sino fuera porque entra en contradicción con la premisa mayor: una empresa pública pertenece por defecto a todos los ciudadanos. Así que mientras restamos recursos propios y nos dedicamos a pedir más dinero al Gobierno de España para poner en marcha servicios tales como la Ley de la Dependencia, hacemos que recursos como el Canal, que se ha construido con el dinero de todas y todos los madrileños, pasen a manos privadas y sean sólo para unos pocos. Pero ya en su momento advertimos de que no podíamos dejarnos cegar por la cortina de agua que ante nosotros se desplegaba.

Y dicho y hecho, el martes asistimos a algo tan insólito como puntero, la presentación de la forma de gestión de los nuevos hospitales públicos como una “gran oportunidad de negocio”. Si bien es cierto que negocio fue para la Comunidad (suponemos), ya que la asistencia al evento costaba 1.200 euros (dinero este que bien podrían destinar a sufragar los vergonzosos fastos de la inauguración del teatro del canal). Parece cuanto menos complicado unificar en un solo concepto sanidad pública y oportunidad de negocio. Por lo menos para todos aquellos que entendemos que el acceso a una atención médica de calidad y gratuita debe ser un derecho ciudadano y en ningún caso una fuente de enriquecimiento para unos pocos, que en buena lógica regularán los servicios en función del propio beneficio.

Llegados a este punto, dado que en algo hay que matar el tiempo en algo y que a nuestra lideresa no lo queda nada por gestionar -ha privatizado todo que estaba bajo su mando- cual  Juana de Arco ha decidido luchar contra los infieles y recuperar la gestión de Caja Madrid para sus intereses, desestabilizando la cuarta entidad financiera del país, y lo que es más importante, sin importarle ni mucho ni poco los millones de madrileños y madrileñas que tenemos nuestro ahorros allí depositados, en los que tendría que pensar antes de embarcarse en cruzadas de este tipo.

Con estos antecedentes, el Gobierno Regional está convirtiendo a Madrid en “el mundo al revés” de Goytisolo, sólo que en esta ocasión en vez de un príncipe malo, una bruja hermosa  y un pirata honrado tenemos una sanidad pública de gestión privada, una empresa de todos para unos pocos y una Caja dirigida desde la Puerta del Sol. Digno de admiración, ya les digo. Como mínimo.
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