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Miedo a la campaña

Miedo a la campaña

El pseudocarácter de la ideología política-económica de los autoritarios de izquierda lo evidencia la pretensión de imaginarse, como a diario lo expresa Chávez, que pueden solucionar para siempre los conflictos propios de cualquier sociedad a través de un modelo estropeado y evidenciadamente inútil. Como hasta ahora la cháchara socialista del siglo XXI no ha podido ser definida con precisión, el Presidente se esfuerza, inútilmente, en exportar hacia las naciones más débiles su roñoso delirio importado desde Cuba. A punta de dólares, ha seducido a los dirigentes de algunos países pobres y envueltos en conflictos casi eternos. Casos Bolivia, Nicaragua y Ecuador.

Hasta ahora Chávez y sus cofrades presidentes de los países citados, no ofrecen ninguna solución sino nuevas formas de dominio sobre la población. En ese sentido se acercan a la ideología conservadora de los autoritarios latinoamericanos de derecha. Sin embargo, no debe favorecerse la tesis según la cual los radicales de izquierda coinciden con los de la derecha. Los primeros se apoyan en una supuesta ideología "moralista" cuyo nivel es más elevado que el de los fascistas.

Así pues, en estos momentos de campaña, los líderes opositores evitan la confrontación directa con Chávez para "no correr el riesgo" de ser acusados de derechistas. No se dan cuenta que de lo que se trata es de comparar la obra de gobierno del régimen, que de paso no existe más allá de destruir instituciones, con la que despectivamente denominan "la cuarta República". Deben romperse pues no solo los prejuicios sino las intenciones del gobierno evidentemente autoritarias. Es decir, las relaciones sociales caracterizadas por un alto grado de coacción.

Los gobiernos democráticos que antecedieron a éste que ya va para 10 años, con todos sus errores, tienen inmensa obra de gobierno que exhibir. No hay que tener miedo pues a la confrontación directa con Chávez porque aún conserva ciertos niveles de popularidad. Si no se desarropa la roña acumulada en estos diez años, es imposible buscar parámetros de comparación racional e, inconscientemente, se van creando pequeños comportamientos chavesistas que, lejos de depurar el ámbito político, lo contaminan. ¿Merece el país que el estándar chavesiano prevalezca como forma de lucha política o ir borrando gradualmente la farsa de un socialismo del siglo XXI el cual no es más que un espacio abierto para la corrupción?

Los líderes de los nuevos partidos de oposición, Primero Justicia y Un Nuevo Tiempo, manejan sus mensajes con una mentecata cautela por temor a ser señalados como copartícipes de "La Cuarta". No se dan cuenta que el 80% de los oficialistas provienen de ella. Debe hablarse con énfasis del éxito obtenido por los gobiernos anteriores en materias como educación, vías de comunicación, obras hidráulicas, eficiencia de la industria petrolera, el metro de Caracas, el emporio de Ciudad Guayana, por citar unos pocos. Por el contrario, niegan cualquier vínculo con el pasado y prefieren pasar por impolutos. Guardando las distancias, actúan como Pedro cuando negó ser edecán de Cristo. ¡No es así como debe iniciarse la campaña! El país espera otra cosa.

Miguel Bahachille
miguelbm@telcel.net.ve

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