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Viejas aspiraciones, nuevas voces

Blades reconoce que no le incumbe el tema

Blades reconoce que no le incumbe el tema

Las marañas de cables no solamente son peligrosas, sino que afean las ciudades, y son el alto precio que todos los habitantes pagamos porque en su momento tanto inversionistas como administradores y alcaldes no hicieron su trabajo: cuidar el aspecto de la ciudad. “Los turistas no vienen a un hotel, vienen a caminar y a conocer la ciudad”, dijo el ministro Blades, refiriéndose al aspecto desagradable que producen las marañas de cables eléctricos, telefónicos y de señales de televisión que cuelgan con estrépito estético de los no menos feos postes.

Aunque reconoce que el tema no es materia de la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP), la voz de Blades es el eco de una vieja aspiración de arquitectos y urbanistas, así como de los usuarios de la ciudad. Los culpables del adefesio son las normas, el concubinato de administradores con inversionistas y la pusilanimidad de la sociedad civil, todo dentro de un marco de ausencia de regulaciones y falta de sensibilidad urbana. Otras ciudades, como Guatemala, ya reguló los tendidos de cables y exige que en dos años las empresas de telecomunicaciones deberán soterrar sus utilidades en dos años. En Costa Rica el Gobierno ha invertido 53 millones de dólares para soterrar las líneas eléctricas aéreas.

Rubén Blades dijo que el estado de la ciudad es una de las preocupaciones de la Autoridad, ya que la calidad de vida tiene un efecto directo en la calidad del turismo que se ofrece. “En ese sentido no hemos sido agresivos; el inversionista también tiene que participar en el desarrollo de las ciudades”, acotó, refiriéndose a las conversaciones que mantienen el Ministerio de Obras Públicas y Unión Fenosa, para soterrar la línea de alta tensión que pasa por la Avenida Balboa. “Esos cables tienen que ser soterrados”, afirmó. La línea en referencia fue objeto de severas críticas cuando Edwin Fábrega fue director del entonces IRHE, pero se impusieron a la ciudadanía.

Miguel Ángel Rodríguez, consultor turístico, señaló que una inversión de 5 millones de dólares -que costaría soterrar las líneas de la avenida Balboa- estaría justificada por el beneficio turístico y la ganancia estética de los espacios públicos que se están creando. Con la cinta costera se va a ganar en calidad paisajística, pero para cambiar la imagen de la bahía hay que transformarlo todo, y hay que eliminar las torres de alta tensión y el resto de los cables”, dijo.

 

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