La última de los prefectos de la media luna es de antología. Han decidido, muy sueltos de cuerpo, no participar en el referéndum revocatorio convocado por el Congreso y la Corte Nacional Electoral para el 10 de agosto. También, que es preferible adelantar las elecciones generales y, por si fuera poco, que el presidente Morales no se presente como candidato. Por suerte no han decidido quién será el ganador de esas nuevas elecciones, pero estuvieron a un pelo de hacerlo.
La grandilocuente resolución de los cuatro autodenominados ´gobernadores´, y un quinto colado que representa a un departamento que decidió por el No en el referéndum por las autonomías, parece haberse redactado en el remate del festejo de la consulta tarijeña y se arroga la representación de dos tercios del país. La paradoja consiste en que, si realmente estos caballeros se creyeran la historia de que representan políticamente a quienes votaron por el Sí en las cuatro consultas departamentales, no deberían tener ningún reparo en la realización del referéndum revocatorio. Si de verdad pensaran que esos resultados les han conferido el mandato y la autoridad para resolver la crisis política que atraviesa todo el país, pues tendrían que estar contando los minutos para ir al revocatorio, echar al Presidente y al Vicepresidente, ser ampliamente ratificados, extender sus liderazgos regionales y consolidarse como nuevos referentes nacionales.
Lo que pasa es que no son tontos. Saben que esos votos no son de valor transferible; o sea, no son cheque en blanco. Una cosa es que hayan podido movilizar al electorado de sus regiones estimulando los legítimos espíritus autonomistas, y otra muy diferente es que esta euforia provocada por el ofrecimiento de estatutos imposibles de aplicar se traduzca en un apoyo incondicional a sus gestiones y a sus agendas políticas. Más allá de la puesta en duda de la veracidad de los resultados en los cuatro departamentos, creo que el balance final ha dejado evidencias de que no existe una posición hegemónica en la media luna alrededor de los prefectos, y de los intereses que éstos representan. Menos aún ahora, después de la ruptura de los aludidos con Podemos. El desbande de la juntucha de residuos del sistema partidario, junto con la persistente aprobación de la que goza la figura del Presidente en amplios sectores, complica seriamente el panorama electoral en estas regiones.
Los prefectos saben bien dónde están pisando, y la ven venir negra. Dentro de escasas seis semanas, es muy probable que el Presidente y el Vicepresidente sean ratificados en sus cargos y que los prefectos de La Paz, Cochabamba, Tarija y Pando sean revocados. Esto significaría, para el Gobierno, perforar el bloque opositor, salir de su actual acorralamiento, relegitimarse y recuperar la iniciativa política. No veo otra explicación a posiciones tan extremas y desesperadas. Ahora o nunca: o se sientan con el Gobierno a negociar un acuerdo nacional que evite el revocatorio, o tendrán que cruzar definitivamente la ya difusa línea de la legalidad en el último intento de aferrarse a sus cargos.
En todo caso, el Ejecutivo ya ha olido el miedo en la presa y no vacilará en asestarle la estocada final. Triste panorama para quienes consideraban todavía a la oposición prefectural como el último bastión de la legalidad y la institucionalidad, pues éstos se hallan a un paso de la sedición. Triste panorama en realidad para todos, pues la ausencia de una oposición democrática no beneficia a nadie, ni siquiera al Gobierno.
*Ilya Fortún
es comunicador social.