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La única agenda es la internacional

La única agenda es la internacional

Enero y febrero son meses claves en el devenir universal. En el Hemisferio Norte (donde conviven China, Japón, USA, Canadá, Méjico, la Unión europea, Rusia, Israel y el Oriente Medio) el año comienza en septiembre y termina en el agosto siguiente, así que el invierno boreal marca la mitad y el momento neurálgico del año real (no el del calendario romano).

En el Sur coinciden estos meses con el receso estival y la lógica desaceleración producto del calor y las intensas lluvias que, sumados a los mosquitos y las moscas, nos envuelven en un sopor parecido a una alucinación de aletargamiento bucólico. Es quizás por esto, y no por una minusvalía étnica, que el diálogo norte-sur nunca prosperó: mientras unos funcionan a 180 Km. por hora, los otros estamos haciendo la siesta bajo el mosquitero.

La Agenda del Mundo se elabora allí – en el Hemisferio Norte – y durante estos meses. El año 2008 ya viene marcado por la recesión (más o menos violenta) y por cambios que se producirán en lo político (Rusia, Usa; Unión Europea, Japón, Israel, Irak, etc.) durante el año y se proyectarán muy fuerte en el bienio posterior (2009-2010).

En la Argentina siempre vivimos a contrapelo de los ciclos globales; Onganía soñó en 1966 que podía durar 100 años su proyecto corporativo, pero no contó con los cambios que se produjeron en 1967-68 (el mayo francés como símbolo máximo) y se cayó a pedazos en 1969.

Videla y sus cómplices creyeron que la Guerra Fría duraría para siempre (en 1976 casi todos los países de la región estaban gobernados por dictaduras militares de derecha) y que tendría piedra libre para cometer los desmanes que hicieron. Pero en 1978 asumió Carter y lanzó la política de Derechos Humanos que luego continuaría Reagan y que terminó (sumado a la superioridad militar y económica) derrumbando al Imperio Ruso y sentando a los genocidas en el banquillo de los acusados en vez de protagonizar el soñado parnaso del reconocimiento “occidental y cristiano”.

Menem se montó en el caballo correcto de la historia en 1989 (coincidiendo con la caída del Muro) pero para 1998 la crisis de Wall Street terminaba con el modelo de financiar déficits locales con endeudamiento externo y en el 2001 se nos cayó toda la estantería encima.

El ciclo de expansión 2003.2008 está llegando a su fin. No se podrá seguir falsificando la estadística de la inflación, los chinos seguirán comprando soja – pero más barata –, Chavez hará algún desesperado –e inútil- intento de salvar su proyecto de   “Socialismo del Siglo XXI” y los flujos de inversión privilegiarán a los países que se han ganado en los últimos años la confianza por su previsibilidad (en la región, Brasil, Uruguay y Chile).

Nuestra ilusión óptica del “Fin de la Historia” para beneficio del iluso acumulador de poder de turno se desplomará pese a las previsiones de los economistas y los políticos cortoplacistas y acomodaticios (sino leer a los gurúes del momento en 1968, en 1978, en 1985 y en 1997 y compararlos con los de 2007).

Nosotros somos inversamente parecidos a Uruguay, Chile y Brasil. Ellos son tan previsibles como nosotros. Sólo que el resultado es y seguirá siendo distinto.

Diego Ramiro Guelar
 - Secretario de Relaciones Internacionales de PRO
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