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Diario de campaña en Galicia

Votemos como gallegos




Inicio de campaña con puesta en escena apropiada. En la esquina noroeste de España, lo socialistas --y no sólo ellos-- piden que les voten con todas sus fuerzas. De cajón, claro. Los tres partidos con posibilidades de obtener escaños en el Congreso y en el Senado, parece que anoche se pusieron de acuerdo para invocar el nombre de Galicia. ¿Qué los argumentos, por supuesto, son repetitivos? Bueno, hay que hacer el esfuerzo final y arañar porcentajes mínimos. Porque, en el cómputo de votos y de escaños, lo de que Galicia sea decisiva en Madrid no se lo creen ni los del Bloque Nacionalista, formación a la que los aurúspices encuestadores le hacen repetir los dos escaños de la pasada legislatura.


Emilio Pérez Touriño
, el presidente de la Xunta y secretario general del PSdG-PSOE, anoche en A Coruña, lanzaba su mensaje: “Galicia cree en Zapatero porque Zapatero cree en Galicia”. Corolario de Pérez Touriño cerrando el silogismo: “Votar por Galicia es votar por José Luis Rodríguez Zapatero”. Los asistentes al mitin inaugural, asienten y ovacionan. Como debe ser.

Y también como debe ser, Alberto Núñez Feijóo, en Ourense, inauguraba festejo electoral. Estaba en terreno propio y más propio todavía de José Luis Baltar, presidente de la Diputación ouresana al que el líder de los populares gallegos debe, por descontado, la presidencia del PPdG. Núñez realizó un llamamiento eso de votar con la cabeza. “España no va a repetir cuatro años más de pasado”, dijo. Y también con el corazón, claro: “hay que llevar a un hijo de la tierra a La Moncloa”. Algo así como recordar el origen gallego de Mariano Rajoy y lo mucho que el Partido Popular había hecho por Galicia y lo mucho, faltaría más, que puede hacer si el de Pontevedra asienta sus posaderas en la poltrona de presidente del Gobierno. Galicia, según Núñez Feijóo, es lo que está necesitando para afrontar un futuro de progreso.

Sin moverse de Compostela, Anxo Quintana, vicepresidente de la Xunta y cabeza visible del BNG, junto con Francisco Jorquera, cabeza de lista por A Coruña, invocaron el sacrosanto nombre de Galicia (para ellos la Patria). Quintana tiró de eslogan: “Contigo Galiza decide”. Y explicó cómo y de qué manera: “para que Galicia decida en Madrid, para combatir al Señor Catástrofe [por Rajoy] y ser alternativa al Señor Miedo [por Rodríguez Zapatero], siempre agitando el miedo a la derecha”.

Lejos del esencialismo gallego de los tres líderes autonómicos, en la amurallada Lugo, su feudo electoral, José Blanco, cabeza de lista y secretario de Organización del PSOE, cedía protagonismo anoche, en el Polideportivo Municipal, lleno a rebosar, a un Felipe González que le ha tomado gusto a lo de andar de mítines. El ex presidente del Gobierno avisaba: “me siento libre”. Y ni falta hacía que añadiera para poder repartir estopa. Y puso a caldo a Pedro Jeta (Jota Ramírez) y a Jiménez de los Demonios (J. Losantos, don Federico), sin olvidarse los obispos y de un general (hoy retirado), al que no citó por su nombre, “que acaba de escribir un libro diciendo que él representa a una gran mayoría que no vota por Zapatero”. González recordó que él supo tratar adecuadamente a los militares durante sus catorce años de gobierno, y remató recordando cuál es la auténtica función de los militares: “la de servir sin opinar, que para eso les hemos confiado las armas”.

La especificidad electoral gallega radica en que siempre las generales se rebaja la presión grupal sobre el votante. Para los gallegos Madrid sigue estando muy lejos. En el rural, la presión, cuando no el acoso, es brutal en las municipales y algo menos en las autonómicas. De todas formas, resulta revelador que, en estas generales, los líderes de los tres grandes partidos de la comunidad hayan invocado --en el caso del BNG resultaba obligado, no así en el PSdG-PSOE y en el PP-- el nombre de Galicia. Touriño, Quintana y Feijóo, cada uno con sus motivos e intereses de partido, han coincidido en echar mano, adaptándolo, a un spot de una cadena de alimentación gallega: “Vivamos como galegos”. En su caso, el votemos como gallegos es la traca final de sus respectivas estrategias de campaña.

Mientras, al bipartito gobernante, y aprovechando que la ocasión electoral, que no la pintarán calva, pero sí con sobrexposición mediática, el comité de empresa de las minas de Serrabal (mayoría de la CIGA, Confederación Intersindical Galega, de obediencia nacionalista) decide acampar frente a la sede administrativa de la Xunta de Galicia, durante toda la campaña, para pedir que se desvíe el trazado del AVE de los terrenos de la explotación minera. Y, esta misma mañana, los médicos del SERGAS (el Servicio Gallego de Salud) sacan las pancartas y la protesta a las calles compostelanas. Se sienten agraviados por el Gobierno autónomo y protestan por ello. Como gallegos, por supuesto.
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