¿Hasta dónde llega y hasta dónde debería llegar el ánimo de lucro de las cadenas televisivas? ¿Se puede llevar a alguien, mediante lo que coloquialmente cabe definir como engaño a un plató de televisión? Son preguntas que no afectan al oficio de periodista, sino al, en el mejor de los casos, de comunicador televisivo.
Pongamos que hoy, Día Mundial de la Televisión, el columnista se refiere a Antena-3 y a un programa de reality-show, “El diario de Patricia”. Hace una semana, el miércoles pasado, Svetlana acudió al programa. Su ex compañero sentimental, Ricardo, en el plató, le pidió que se casara con él, en una de esas típicas encerronas televisivas que tanto gustan a determinado público y que, por lo general, son de las que hacen sentir vergüenza ajena. Sevetlana, una y otra vez se ratificó en su negativa, aunque sin entrar en demasiados detalles y sin ofrecer más carnaza que la de la propia situación televisiva. Cinco días después, en el portal del edificio en el que vivían ambos, Ricardo degolló a Svetlana, quien murió desangrada este lunes. Atrás quedaban cuatro años de relación y la condena de Ricardo (el pasado 31 de octubre) a 11 meses de prisión y dos años de alejamiento de Svetlana por un delito de maltrato de obra sin lesión.
La mujer es la víctima mortal número 70 de la violencia machista de 2007. Y nadie, empezando por el programa y la cadena televisiva que lo emite, ha explicado cómo, de qué manera y con qué argumentos, convencieron a Svetlana para acudir al plató. Ella, según se pudo ver en la grabación, pensaba que su presencia en “El diario de Patricia” era para hablar de otra cosa. Pero, no, en directo, se entera de que Ricardo está allí para reconquistarla. Y capea como puede el temporal de cámaras, focos, micrófonos y acoso de su ex compañero. ¿Los quinces minutos de notoriedad de los que hablaba Andy Warhol? Quizá. Es algo que Sevetlana se llevó a la tumba.
¿Realmente vale todo? ¿La oferta de salir en televisión no va acompañada de argumentos poco claros, cuando no capciosos? Entra dentro de lo posible que, con o son aparición televisiva, Ricardo acabase matando a quien se negaba a seguir con él. Cabe dentro de lo posible, pero no es seguro. ¿Estamos en una relación causa-efecto?
Es una pregunta que queda en él aire, por más que introduzca un factor de duda razonable.
Lo que la sociedad demanda es algo más de autocontrol por parte de Antena-3 en los métodos de captación de invitados. Eso, por un lado. Por el otro, tampoco estaría de más que las cadenas de televisión se replanteasen los contenidos de una parte de sus respectivas parrillas de programación. Siempre se alega que es el público quien demanda este tipo de contenidos. Vale, de acuerdo. Pero por esta regla de tres, lo del dicho contracultural: “coma mierda, porque tropocientos millones de moscas no pueden estar equivocadas”.