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En 25 años: Democracia delegativa

En 25 años: Democracia delegativa

La democracia en Bolivia ha llegado a cumplir 25 años de una
conflictiva carrera contra muchos obstáculos, en un ambiente donde la
injerencia internacional ha jugado un papel determinante. Los
bolivianos hemos terminado equivocándonos de camino, todos, sin sacar
de esta conclusión a ninguno. La recuperación de la democracia, luego
de una cadena de dictaduras militares nos llevó, solamente, a asimilar
y apropiarnos de los derechos democráticos, de las libertades que por
muchos años nos habían sido negadas.

La gente se reencontró con la libertad de pensamiento, a poder
expresarse libremente, criticar  y caminar por las calles " sin el
testamento bajo el brazo", elementos que brinda la democracia.  Las
obligaciones quedaron en retórica, había que reconstruir un Estado
saqueado y golpeado por las dictaduras militares, este reordenamiento
estatal requería del apoyo de todos los actores políticos, cosa que no
sucedió.  Los políticos de ese entonces tomaron el camino más fácil,
el más rápido sin mirar a futuro: El populismo barato, aquel que tanto
y tan fácilmente enamora a los bolivianos.

La UPD fue cayendo a pedazos internamente y la oposición ayudó
notablemente a una crisis económica que si bien tuvo matices externos
innegables, la irresponsabilidad política – de ambos lados -
acrecentó la debacle macroeconómica.

La gente llena de expectativas y mal guiada por líderes radicales que
veían cómo sus sueños de izquierda se morían sufrieron la primera
crisis político económica cuando todavía la casa no estaba en orden.
Fue cuando Víctor Paz abrió Bolivia a los mercados mundiales.

Cierto es, que la deuda social no ha parado de crecer desde entonces
y que los presidentes no rinden cuentas a la deuda social. Existe hoy,
otra deuda gigantesca que los políticos tienen que saldar: la completa
y total falta de representatividad. Expone claramente Guillermo
O´donnell que la debilidad y deterioro de la democracia en América
latina puede interpretarse en base a la escasa representatividad de
los actores que en su momento jugaron un rol importante dentro de una
democracia, que volvía a países como el boliviano.

Bolivia y su democracia a sufrido golpes bajos durante estos 25 años,
desde el completo irrespeto al voto popular con la llegada de un
tercero en votación, hasta la usurpación del poder legalmente
establecido por parte de grupos vandálicos en 2003, camuflado con el
nombre de sucesión constitucional.

Lo cierto sigue siendo que durante más de dos décadas, los pasos para
la implementación de la institucionalización estatal fueron pocos y
costaron millones. Llegaron por regaño o condicionamiento
internacional.  El clientelismo populista siempre estuvo presente, con
varios actores políticos como cabecillas en sus respectivos momentos,
Carlos Palenque  abrió el camino para la incursión de los medios de
comunicación como catapultas políticas muy efectivas e influyentes,
hasta como referentes políticos.

Bolivia tuvo  que asimilar los cambios internacionales de manera
brusca, olvidando a grandes grupos de la sociedad civil. Es por este
motivo que muchos de los cambios no respondieron a las expectativas y
necesidades concretas. La capitalización fue el mecanismo que abrió
Bolivia a las inversiones, pero por sobre todo sirvió para terminar
con un estatismo que iba carcomiendo a las arcas nacionales a través
de la burocracia, hoy estamos volviendo a lo mismo: las empresas
estatales son botines políticos.

Cómo negar que la ley de participación popular inició el proceso
autonómico en Bolivia, el poder de Evo Morales se basa
significativamente en esta ley. Pero mientras grandes cambios se
sucedían, la gobernabilidad se basaba en estados de sitio y rodillos
parlamentarios. En la política boliviana no se debate, se negocia y
está ahí uno de los más endémicos y  críticos problemas de nuestra
democracia.

Explica Joan Prats que la gobernabilidad democrática se da sólo,
cuando la toma de decisiones de autoridad y la resolución de
conflictos entre los actores estratégicos se produzca conforme a un
sistema de reglas y fórmulas que podamos calificar como democracia. La
pérdida absoluta del principio de autoridad desde el gobierno
constitucional de Bánzer ha llevado a Bolivia a un caos completo,
donde pseudodemocracias nos han ido llevando a las crisis políticas de
los últimos 4 años. El concepto de gobernabilidad que se tuvo en
Bolivia fue cuoteo. Se equivocaron ellos, los políticos. Los dejamos
nosotros, la población.

Desde 2005, vivimos una democracia que Guillermo O´donnell denomina
delegativa, "la cual se presenta hueca y frágil con votantes
movilizados por vínculos clientelistas, populistas, personalistas (más
que pragmáticos) donde los partidos políticos son débiles y
fragmentados", explica. Evo Morales nos conduce a lo más profundo de
este concepto de democracia, donde intenta deliberada y descaradamente
debilitar (y hasta eliminar) instituciones representativas y políticas
, el congreso (o parte) aprovechando el vacío institucional.

Es claro el propósito de Evo Morales y su partido político, desean una
concentración total de poder, pretenden, ocultar esta intención bajo
el manto de una reivindicación centenaria, apropiándose de discursos
indígenas radicales. La degradación institucional que esta produciendo
Evo Morales, destruyendo la poca institucionalización que había en
Bolivia, nos costará (por que terminamos pagando siempre nosotros)
años y millones. Alarmante resulta que utilice en su discurso
elementos étnico - raciales para justificar su accionar de venganza
que roza en lo dictatorial. Fue Evo Morales quien instaló en la
división entre bolivianos "originarios" y "no originarios".

Muchos trataran de refutar lo que escribo con el 54% de los votos que
logró Morales, nadie puede quitar lo asombroso que resultó la votación
de 2005. No se puede negar que una gran parte de esa votación fue
resultado del hastío popular ante la convulsión social y política que
vivió Bolivia desde el año 2000, en la cual Evo Morales tuvo mucho que
ver. Morales llegó al poder destruyendo.

Estamos nuevamente en un proceso de cambio brusco y preocupante, por
que se procura a golpes cambiar un Estado a base de confrontación
popular. Donde todavía están muy presentes los problemas de siempre:
la completa falta de institucionalización y falta de
representatividad. Ahora hay que adicionar que los cambios que no se
pueden realizar a través de la legalidad se los legitima (o se intenta
hacerlo) a través discursos de venganza con tonos segregacionistas,
resaltando que si no se está con la revolución, uno se convierte
automáticamente en un oligarca, traidor, "no originario".

La Asamblea Constituyente naufraga y agoniza, no fue aquel espacio de
discusión. Resultó ser el camino que buscó Evo Morales para
personalizarse el poder político y eliminar cualquier tipo de
institución política o representativa que no le fuera fiel.

Mucho temor genera ver y comprobar como la dictadura cubana se ha
convertido en meta para el presidente boliviano y cómo la
pseudodemocracia venezolana va delineando a placer los nuevos caminos
de la política boliviana, con amenazas militares de por medio. Las
restricciones a la libertad de pensamiento y prensa son recurrentes,
los bonos clientelistas son elemento común en la  la injerencia
venezolana que da cátedra en estos temas.

A 25 años de democracia nos encaminamos nuevamente y a pasos
agigantados al totalitarismo, donde una parte de la población a
retomado el gusto por las prácticas informales que expresan la
inexistencia de actores estratégicos representativos de intereses
populares. El carisma innegable de Evo Morales puede más que toda la
oposición junta, que no puede presentarse como opción a todo lo que
vive el país. Esta falta de opción, de oposición crítica y
constructiva pero por sobre todo referente puede ser el detonante para
que nuevamente, grupos vandálicos decidan tomar el poder (o parte) en
nombre de los que no fueron o no están siendo escuchados.

La ley no se negocia se cumple, hoy en Bolivia el sistema legal esta
superditado al gusto de la turba de turno.

Es hora de una vez por todas que busquemos y construyamos, una
verdadera democracia representativa y participativa, donde exista un
sistema institucional con poderes del Estado independientes,  donde
todos los bolivianos formen parte activa de los cambios que necesita
el país. Conversando y debatiendo las necesidades más urgentes para
los más necesitados pero por sobre todo brindado soluciones reales,
concretas y sostenibles que estén alejadas de todo tipo de
clientelismo y populismo barato. Hay mucho por hacer.

 

Lic. Martin P. Gutiérrez M.C.M.
Comunicador, docente e investigador


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