Los políticos se emocionan
De emoción también se vive. A veces, pocas, pero a veces, los políticos se vuelven permeables a los sentimientos y parecen como más humanos, menos políticos. Lo hemos comprobado en los últimos días. El pasado miércoles tomaba posesión de su cargo como presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre.
Hizo un discurso poco político y más intimista. Y las emociones afloraron cuando entró en el capítulo de los agradecimientos, especialmente los dedicados a su familia, presente en buen número en el lugar del acto, y de forma muy concreta cuando se refirió a su marido, del que dijo que le quería sobre todo por su patriotismo.
Ahí, en ese momento, es donde se derrumbó esa llamada “dama de hierro”, esa mujer rocosa como política, imperturbable y decidida a la hora de tomar decisiones; ahí fue donde afloraron lágrimas en Esperanza Aguirre, a la que la emoción le puso una especie de ahogo. Conozco a la presidenta desde hace 24 años; la visto tomar posesión de muchos cargos, y nunca la había observado tan emocionada, hasta el punto del ahogo y las lágrimas. Los políticos también lloran, poco, pero, afortunadamente, también lloran.
Y echando a la vista atrás, nos situamos en el sábado anterior, cuando Ruíz Gallardón fue elegido alcalde. Discurso sobrio el suyo, reposado, pero también le llegó el momento de las emociones, y al igual que en el caso de Esperanza, cuando le tocó repartir agradecimientos y de forma puntual, cuando se refirió a su familia. Ahí se le quebró la voz y le temblaron los labios. No le llegaron a aflorar las lágrimas, pero casi. Y a veces conmueve ver a políticos de apariencia dura, derrumbarse emocionalmente.
Y es que, cuando se habla de la familia, cuando se le agradece el esfuerzo, la comprensión y la capacidad, a veces, de sufrimiento, la razón sucumbe ante la fuerza del corazón y el político se vuelve permeable, casi frágil. Y esto hasta se agradece.