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La Policía que nos espera

La Policía que nos espera

 Ya es sabido: cuando se celebran unas elecciones del tipo que sea, todos ganan; es decir, que nadie parece haber perdido. Los resultados electorales, pues, parecen tener en sí mismos esa capacidad de pura autocomplacencia y de autoengaño electoral. Pero los resultados son los que son, a ellos se ha llegado como se haya llegado y sólo caben ya análisis certeros de corrección de tiro o de analizar problemáticas inmediatas.

 El miércoles se celebraron elecciones en el Cuerpo Nacional de Policía para elegir a los 14 vocales del Consejo de Policía. Ya conocemos, y doy por reproducidas, las denuncias sobre la guerra sucia que ha habido en esta campaña electoral sindical. Ha sido guerra sucísima, incomprensible, bastarda. Si nunca los fines justifican los medios, mucho menos a la hora de enfrentarse en las urnas para obtener una cuota de poder que a la postre puede resultar indigna. Pero había ‘razones’ para que determinadas organizaciones echaran –literalmente- el resto con el fin exclusivo de intentar –y repito lo de intentar- derribar al principal e histórico sindicato policial: el Sindicato Unificado de Policía (SUP).

 La pelea ha sido, en realidad, entre tres fuerzas sindicales: el SUP, por un lado, contra la coalición electoral formada por la Confederación Española de Policía (CEP, de tendencia más bien extremista) y la Unión Federal de Policía (UFP, correa de transmisión en la Policía, curiosamente, del sindicato socialista UGT). Ni que decir tiene que el SUP no solamente era mayoritario en número de afiliados –en torno a los 30.000 de los 70.000 que aproximadamente hay en el Cuerpo-, sino también mayoritario en el Consejo de Policía resultante de las elecciones de 2003.

 En la campaña ha habido de todo, pero lo que parece increíble, a la hora de realizar un análisis de urgencia, es que en policías del siglo XXI haya podido calar el mensaje de uno de los contendientes –mensaje aumentado, es cierto, por sus corifeos mediáticos- sobre que los actuales dirigentes del SUP –léase Fornet a la cabeza- son ‘amigos’ o ‘simpatizantes’ o están a favor de los etarras, del asesino De Juana Chaos y algunas mangancias más.

 Y en la jornada electoral, por haber también ha habido, según denuncias que nos constan, hasta compra de votos por regalo. Es decir, torcer voluntades más frágiles que el cristal por un déme usted un algo a cambio. Que se daba. Que lo sé.

 Bien. Ése era el esquema general. Pero, ¿qué ha ocurrido en las elecciones? Si analizamos los resultados de forma fría vemos que, efectivamente, la coalición CEP-UFP ha sacado más votos –unos 2.000 en total- que el SUP, lo que se traduce de forma global en dos vocales más en el Consejo. Pero el SUP ha mantenido tan bien el tipo, que incluso conserva lo que tenía en 2003, lo que le sigue convirtiendo, efectivamente, en el sindicato mayoritario –más votado como fuerza individual- en la Policía. Además, la coalición CEP-UFP lo ha sido sólo a título electoral, lo que quiere decir que no tiene continuidad en el tiempo y los resultados globales obtenidos en el Consejo –superiores en dos vocales al SUP- van a ir luego repartidos entre una y otra formación. Ha sido, por tanto, una coalición coyuntural. Es la primera lectura.

 Segunda lectura y tremendamente preocupante: como es sabido, la CEP defiende la ‘teoría conspiración’ en el 11-M codo a codo con los ‘Peones Negros’ y otras organizaciones de similar cariz. Sostienen la teoría de que la Policía está ‘pisada’ -por decirlo suavemente- por los delincuentes y excesivamente, sobrepasada por los acontecimientos y demasiado edulcorada respecto al faltón de las leyes. No es que defiendan a foro abierto que se debe actuar como los Mossos d’Esquadra que han sido grabados hostiando –literal y vulgarmente- a detenidos en dependencias policiales. Pero, bueno, no falta quien piensa que un par de tortas, al menos, dadas a tiempo valen más que unas buenas palabras.

 Y, en ese sentido, es muy preocupante, insisto, el alto número de votos de profesores de la Academia de Policía de Ávila que han ido a la CEP: casi el doble que al SUP, que defiende formas que a los otros deben parecer como mínimo ‘amaneradas’. De los votos emitidos en Ávila, 51 fueron para el Sindicato Profesional de Policía (SPP, conservadores, pero moderados y, sobre todo, muy profesionales), 49 para la CEP y 22 para el SUP.

 Si esos profesores policiales –que son los que tienen que enseñar a los nuevos policías las formas, las maneras, los derechos, los comportamientos…- siguen, como pudiera desprenderse de lo anterior, la teoría del palo y tente tieso, ¿qué clase de Policía estamos formando? ¿Qué clase de uniformados van a ‘apatrullar’ la calle en los próximos años?
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