Así, por decisión soberana, Piñeiro ha decidido que una barricada, en forma de estatua, cierre la calle, aunque desconozco con que objeto, pero que en ningún caso será para abrir caminos.
La estatua de Pedro Velarde, el héroe del 2 de mayo, monumento trashumante durante un siglo y cuarto, acaba de ser acomodada en el acceso principal, desde el Paseo Pereda, a la Plaza Porticada, que en realidad se llama Plaza Velarde en honor al artillero camargués que hizo frente a los franceses en Madrid. La Porticada lleva camino de convertirse en la primera plaza del mundo en que una estatua no ocupa su parte central, sino una salida.
Espero anhelante conocer hacia donde apuntará el cañón de Pedro Velarde. Si es hacia fuera de la plaza podría pensarse que la defiende. Quizás de los afrancesados de hoy, intelectuales y progresistas, a los que el alcalde Piñeiro y el Partido Popular tienen en su punto de mira. Si, por el contrario, cañón y artillero miran hacia adentro de la plaza, puede ser señal de que quien decide cómo debe colocarse la estatua está convencido de que el enemigo está dentro.
Por ejemplo en Caja Cantabria, a tiro corto de cañón, donde desde hace dos años hay por primera vez en su historia un presidente socialista, Jesús Cabezón, al que seguirá en breve otro presidente igualmente de izquierdas. Pero todo es mucho más prosaico. Si Velarde está a la entrada de la Porticada es porque volverlo a colocar en la Plaza de Alfonso XIII, sobre el parking subterráneo, anularía unas cuantas plazas más del aparcamiento. Y el empresario que obtuvo la concesión, pagando más que nadie, y que ya ha perdido unas cuantas plazas por la aparición de las ruinas del viejo puerto, no está dispuesto a ceder ni un metro más de superficie.