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El hombre más poderoso de España

El hombre más poderoso de España

Por Fernando Jáuregui
lunes 18 de mayo de 2015, 17:47h
Fui el domingo a ver al hombre más poderoso de España. Mitineaba en un teatro de la Gran Vía madrileña, uno de esos pocos locales que aún quedan a los que íbamos con nuestros padres, cuando niños, a ver una película 'autorizada'. Novecientas personas llenaban, sin agobios, el local en la soleada mañana de domingo en el que el Hombre Más Poderoso de España iba a pronunciar su discurso. Quizá no sea el que consiga más votos, ni más concejales, ni más alcaldes: seguro que no será su formación la que quede en lo más alto del podio, ni en el segundo lugar. Y tendrá que competir para obtener la medalla de bronce. Pero su poder se deriva de que será él, el tercero (o cuarto) en el ranking, quien presumiblemente decidirá a quién se concede el oro, es decir, la gobernación de autonomías y ciudades. Y, si todo sigue así, decidirá también a quién le va a dar la posibilidad de ocupar el asiento presidencial en La Moncloa, allá por el invierno.

 Sí, naturalmente hablo de Albert Rivera. Un hombre que  preside un partido con veintidós mil militantes, frente a los setecientos mil que dice que tiene el PP, o los doscientos cincuenta mil que afirma censar el PSOE. Supongo que casi todos los militantes de Ciudadanos son candidatos a una cosa u otra: enorme mérito el de Rivera, haber podido aglutinar a tanta gente en apenas un año, o menos, desde Barcelona. Desde ese punto de vista, me parecen injustas las veladas, o no tanto, acusaciones en el sentido de que hay algún 'garbanzo podrido' en esa nómina. ¿No los hay, acaso, y más, en otras partes?

 Pero, volviendo al comienzo, lo que me asusta es precisamente eso: que, con su medalla de bronce -eso, en el mejor de los casos-un político, lleno sin duda de méritos como lo es Rivera, pero sin haberse confrontado en la dura pugna nacional, tenga la capacidad de decidir a quién consagra en las mieles del poder y a quién hunde en los infiernos de la oposición. Tiene ante sí una difícil papeleta: si apoya al candidato más votado, aunque sea con su abstención, ya sabe qué opción se mantendrá en el poder (yo no lo digo en virtud de la absurda legislación que nos impide reproducir resultados de encuestas). Si no lo apoya y deja libertad a cada uno de los suyos en los distintos territorios, el desbarajuste podría incrementarse no poco.

 Y, en todo caso, estoy deseando saber qué va a pedir Ciudadanos por su apoyo a unos u otros. Nos dijo Rivera en su mitin madrileño, en el que invocaba 'el cambio', que Ciudadanos no busca el poder, y yo, a priori, quiero creerlo: no han dado, hasta ahora, muestras de arribismo ni de ambiciones desmedidas, más allá de sus postulados regeneracionistas y de sus exigencias de limpieza de los establos. Él sabe que estamos caminando ya por una segunda transición; los otros no parecen haberse dado cuenta todavía.

 Pero, más allá de todo esto, y comprobando la estrechez de miras con la que los dos principales partidos -más el PP, debo decirlo, para que nadie me acuse de ambigüedad- están afrontando esta nueva, inédita, etapa, me pregunto si es bueno que se pueda titular un comentario como éste escribiendo sobre 'el hombre más poderoso de España'. Me da un cierto vértigo, la verdad. ¿Será el vértigo que produce todo cambio?
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