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La política (preelectoral) como espectáculo: un circo, vamos

La política (preelectoral) como espectáculo: un circo, vamos

Por Fernando Jáuregui
sábado 18 de abril de 2015, 19:51h
La que está cayendo. Uno se sienta ante la mesa de trabajo para resumir lo que ha sido la semana que concluye. Y entonces uno se siente literalmente abrumado: de la declaración del ex presidente andaluz Manuel Chaves a la fotografía de la mano policial en la cabeza de Rodrigo Rato, pasando por las declaraciones de los Pujol en el Juzgado o la constatación de que una veintena de alcaldes gallegos imputados vuelven a presentarse a las elecciones, todo nos deja boquiabiertos.

 No olvido tampoco las duras acusaciones de los jueces Ruz y Alaya, que son acusaciones 'políticas', porque se refieren a la financiación de dos partidos, o la petición del ex secretario general del PP en Madrid, Francisco Granados, para que se le deje en libertad, porque la 'operación Púnica' sigue sin concretar hechos delictivos. ¿Cómo extrañarse, ante todo esto, del presumible hartazgo de la ciudadanía a un mes y una semana de unas elecciones municipales y autonómicas que van a ser casi unas primarias de las elecciones generales?

 La 'retención' el jueves de Rodrigo Rato, que pasó siete horas en dependencias judiciales, sometido a un riguroso registro en su domicilio y en su despacho, fue como un mazazo a una opinión pública a la que solamente le faltaba la constatación de que el hombre que pudo haber sido presidente del Gobierno de España ha violado casi todas las reglas económicas que él mismo defendía oralmente desde sus puestos de poder. Ahora, como segunda derivada, se prolongará el debate sobre la espectacularidad, acaso excesiva, de la 'pena de telediario' impuesta al ex portavoz parlamentario del PP, al ex ministro y vicepresidente, al ex director gerente del FMI, al ex presidente de Caja de Madrid y Bankia...

 Y lo cierto es que caben extrañezas ante la desigualdad de trato al ídolo caído en comparación con los otros más de setecientos defraudadores que se acogieron a la amnistía fiscal decretada porCristóbal Montoro, sucesor remoto, al fin y al cabo, y quién sabe si con tanto poder, del ahora destrozado Rato. Si el 'caso Rato' se ha difundido, parece que desde canales oficiosos, ¿qué presunta 'igualdad de todos ante la ley' (Montoro dixit) impide que los otros centenares de nombres, dicen que algunos espectaculares, se difundan? Y si esta amnistía fue un 'trato con el Estado' de los defraudadores, ¿es lícito hacer público uno de los nombres o, como parece indicar la persecución policial, resulta que Rato acumula otros (presuntos) delitos al margen de la irregularidad fiscal amnistiada a cambio del pago a tocateja de lo defraudado? Así que todo indica que los (presuntos) delitos de Rato van más allá de lo amnistiado: no se explicaría, si no, la espectacularidad del acompañamiento policial, ante las cámaras alertadas de televisiones varias.

España es así: décadas disimulando sospechas sobre abusos de poder (ni el de Pujol ni el de Rato, que actuaron amparados por ese poder, pueden ser calificados, a mi entender, de 'caso particular')  y luego, excesos de fuegos artificiales cuando el 'affaire' estalla. Televisiones, fotógrafos, todas las portadas recogiendo esa mano policial en la cabeza del 'retenido', porque, insisto, no fue detenido en puridad, según los términos policiales, sea de quien sea esa policía, bien del fiscal anticorrupción, bien de Montoro.

Los máximos responsables políticos del país tratan de pasar de puntillas sobre estas hogueras previas a San Juan y, sobre todo, previas a unas elecciones que decidirán si Rajoy y Sánchez, por poner dos casos, siguen o no con posibilidades reales de continuar en La Moncloa o de acceder a ella. No bastan, no, las comparecencias mitineras del presidente en, pongamos, Murcia y Alicante: inútil sugerir que desde el Gobierno del PP se hace cumplir la ley sin excepciones, porque el 'asunto Rato' es corrosivo para el partido en el poder, que no ha sabido reaccionar ante este nuevo escándalo. Ni bastan los paseos catalanes de Pedro Sánchez, tratando de alejarse de los campos andaluces donde tanto resuenan los nombres de José Antonio Griñán y Manuel Chaves, a quienes algunos, en ámbitos cercanos al PP, tratan, no sin desmesura, de equiparar con Bárcenas, que esa es otra; supongo que los dos ex presidentes andaluces acabarán dimitiendo como senador y diputado, para facilitar la investidura de Susana Díaz, que no podría, ley en mano, expulsar a los dos parlamentarios de sus escaños, como quisiera, a cambio de pactos, Albert Rivera.

 No, no bastan las oratorias de y en campaña: hacen falta explicaciones completas, comparecencias detalladas, que los periodistas podamos preguntar y ellos, los líderes que aspiran a seguir representándonos, responder. Porque otra cosa justifica el ascenso de los 'emergentes', la liquidación de la era del bipartidismo que nos ha regido. Uno de esos emergentes, instalado en el marketing al uso, regalando 'juego de tronos' al Rey en Bruselas, ante los fotógrafos de media Europa: para que el Monarca aprenda los problemas del Estado,  nos dejó dicho, no sin pedantería, el aspirante a Tsipras. El otro, moderado y tascando el freno, pescando en el río cada día más revuelto de la política ex cuatripartita (porque no puede olvidarse que en UPyD e IU también había peces que pescar) de este país que, aunque a usted le cueste creerlo, tiene más problemas que los que le vienen derivados de la actuación de eso que ha dado en llamarse 'clase política'. Una clase a la que actuaciones como la de Rato bien podrían hacerle merecer la etiqueta de 'casta'. Pero ocurre, y hay que recordarlo por si hiciera falta, que no todos, ni la mayoría, de los integrantes de esa 'clase' son como Rato. Menos mal, dice uno, al cerrar, con este comentario, su cuaderno de notas. Lo que pasa es que el tsunami ya se ha desatado y el circo no va a poder disimularlo.
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