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En el epílogo del libro "A favor de España y el catalanismo"

ZP advierte de contraponer Cataluña y el 'espíritu español'

- Daniel Fernández y Joaquím Coll explican en un libro las claves del nuevo catalanismo

"Uno de los mayores errores que se pueden cometer en nuestro país es contraponer a las cosas y sentimientos de Cataluña el espíritu español". La frase es de Manuel Azaña, pero la ha utilizado el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, para prologar el libro de Daniel Fernández y Joaquim Coll "A favor de España y del catalanismo" que acaba de publicar la editorial Edhasa. El libro, prologado por el molt honorable president José Montilla, ha salido en un momento clave: cuando el Tribunal Constitucional está cuestionado por ser incapaz de elaborar una sentencia sobre el Estatut de Cataluña.
"Los autores han demostrado su pertenencia a la mejor estirpe del pensamiento catalanista". Así ha definido Zapatero a Joaquim Coll i Amargós, historiador, Premio Ciudad de Barcelona de ensayo en 1998 y actual comisionado de la historia institucional de la Diputación de Barcelona, y al diputado socialista catalán Daniel Fernández. Y es que el libro que acaban de publicar en castellano y en catalán es un en sayo "contra la regresión política" y a favor del catalanismo desarrollado libremente dentro del Estado español.

         "No se podrá ya, en el futuro, ignorar o menoscabar la identidad y el poder político de Cataluña", ha escrito Zapatero en el epílogo de ese ensayo que surge justo cuando las tensiones políticas afloran debido a la posible inconstitucionalidad de partes del Estatut catalán; un momento en el que el Tribunal Constitucional se está viendo desbordado por presiones internas y externas y cuando 'este Tribunal', su actual composición, ha sido cuestionado por el nacionalismo, empezando por el presidente de la Generalitat, y prologuista del libro, José Montilla.
 

La "integración" de Cataluña, una renovación constante

En su epílogo, Zapatero ha escrito que "es un error considerar que la integración de Cataluña en España se hizo ya en 1978 (…) Es éste un objetivo y un afán que hay que asumir y renovar cotidianamente". Ésa parece ser la idea fundamental de los autores, que apuestan en su ensayo, partiendo de la visión histórica, por una plena imbricación entre Cataluña, con sus peculiaridades, y el resto de España.

         Así, Zapatero, utilizando una frase histórica de Manuel Azaña, piensa que "uno de los mayores errores que se pueden cometer en nuestro país (...) es contraponer a las cosas y sentimientos de Cataluña el espíritu español", lo que le sirve también para sostener que "el progreso de España, del 'resto de España', no ha sido nunca un problema para el catalanismo". Aprovecha Zapatero para 'justificar' su acción de Gobierno, al menos en lo concerniente a Cataluña: "Desde que asumí la Presidencia del Gobierno de España, en 2004, no he tratado de hacer algo distinto que contribuir al reconocimiento de la identidad política de Cataluña como un elemento consustancial a la democracia española. No he tratado de hacer algo distinto que reforzar la convivencia entre 'las cosas y sentimientos de Cataluña' y 'el espíritu español'. Éste es el propósito que me anima cada día, la que siento como una de mis principales responsabilidades".

         ¿Y el bilateralismo, ese tipo de relación que se impone en el nuevo Estatut y que ha sido cuestionada ante el Constitucional? El libro, en general, y Zapatero, en particular, despejan la incógnita: "Cuando en el debate actual algunos plantean la bilateralidad como algo radicalmente incompatible con el Estado autonómico, olvidan que el progreso de España se ha construido en muchas ocasiones, y desde luego en los últimos treinta años, sobre la base de aportaciones bilaterales, de una bilateralidad bien entendida: la de quien, desde Cataluña, o desde otras comunidades autónomas, propone soluciones o respuestas válidas para toda España; la de quien, desde las necesidades propias, se esfuerza en renovar un modelo general y común, que responde a las demandas de quien las plantea pero que se adapta a las de todos. Un modelo que se integra en el debate político y en las instituciones comunes, un modelo que quiere ser para todos".


"Por un catalanismo útil"

En su prólogo, el president Montilla coincide con los autores en que la "posibilidad mayoritaria" del 'catalanismo histórico' es la del "catalanismo que lleva incorporado un proyecto hispánico y que tiene la voluntad de participar activamente en la transformación federal del Estado español y en la configuración de la España plural". Y de eso, según reconoce Montilla, de lealtad, nos habla este libro: "De lealtad y confianza federales, es decir, de lealtad y confianza recíprocas, de doble dirección".

         Montilla califica el ensayo de Coll y Fernández de "necesario en el actual momento político y social de nuestro país"; un momento que -como reconoce el president- es visto y vivido por muchos como confuso, desorientado, perplejo. "Ciertamente, no son tiempos fáciles los que acumulan una crisis económica de una profundidad insospechada, una perspectiva aún confusa sobre nuestro autogobierno y una desconfianza acentuada acerca de las posibilidades de acción colectiva mediante la política".

         Ahora bien, las tensiones a las que asistimos desde que entró en el Parlament la reforma del Estatut hasta ahora mismo, con un Constitucional al borde del colapso por esta cuestión, da pie a Montilla para señalar que "ésta es la trampa que nos tiende el neocentralismo desacomplejado que pretende reducir el catalanismo y nuestra voluntad de autogobierno a una caricatura interesada, que demasiado a menudo no se hace sino confirmar desde Cataluña con reacciones no lo bastante meditadas". Es decir, volvemos al viejo debate maniqueo de centralistas contra nacionalistas, y de ahí que sea preciso convenir que el actual debate es desasosegado y no genera actitudes sobre las que articular propuestas positivas.

         Montilla quiere -como, en sí mismo, el ensayo que prologa- deslindar campos y no distingue en responsabilidades entre uno y otro: "Del mismo modo que constituye una regresión la destrucción sistemática de los puentes de diálogo y de entendimiento entre los adversarios políticos que practica la derecha española, también considero que es una regresión la reducción del catalanismo a la opción independentista o a su sucedáneo soberanista".

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