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No sólo Chávez 'acoge' etarras

Ignoro cuántos etarras o ex etarras se encuentran ahora viviendo en América Latina. Pero, desde luego, ni es solamente Venezuela el país de acogida, contra lo que parece si estos días se leen algunos medios informativos españoles, ni sería Hugo Chávez, en su caso, el gobernante que de manera exclusiva amparase a los miembros de la banda terrorista vasca.

Viene esto a cuento, naturalmente, de la acusación lanzada por un conocido juez español, Eloy Velasco, de la Audiencia Nacional, que habría encontrado indicios suficientes “de una manifiesta cooperación gubernamental” del Ejecutivo venezolano “en la ilícita colaboración entre las FARC colombianas y ETA”. La acusación judicial, que pretende confirmar una serie de sospechas y especulaciones que han circulado profusamente en este sentido, ha organizado un considerable revuelo en los medios españoles y ha provocado una dura respuesta de Chávez contra la España “colonialista”, cuya Audiencia Nacional, dice, “sería capaz de considerar terrorista incluso al libertador Simón Bolívar”.

Este cruce de acusaciones, que siguió a una petición oficial de explicaciones del presidente español Zapatero al Gobierno venezolano tras el auto del juez Velasco, pone nuevamente en la picota las relaciones hispano-venezolanas, mientras una parte de la prensa más conservadora en Madrid pide que se “revisen” los lazos diplomáticos entre los dos países. Es algo que, desde luego, la diplomacia española rechaza, aludiendo a las tradicionalmente buenas relaciones que España mantiene con todos los países de América Latina, incluyendo Cuba y Venezuela. Dos naciones que, sin embargo, muy probablemente no aporten representación alguna a la próxima ‘cumbre’ en la Unión Europea y América Latina, que se celebrará en mayo en Madrid como colofón de la presidencia semestral de Europa a cargo de España: que los mandatarios cercanos al castrismo o al bolivarianismo se ausenten mostraría que, pese a todos los esfuerzos, esas relaciones con la antigua ‘madre patria’ no son tan fluidas.

Paralelamente, fuentes diplomáticas españolas, que se esfuerzan notablemente por mantener incólumes los puentes con Caracas y La Habana, insisten en que el refugio para los etarras en América Latina ni es de ahora ni nunca se ha limitado a Venezuela y Cuba. Etarras connotados, y militantes más o menos arrepentidos o separados de la banda terrorista, han hallado acogida también en México, en Uruguay, en la República Dominicana, en Argentina, en Chile...Muchos restaurantes vascos en esos países testimonian la presencia frecuente en ellos de esos terroristas o ex terroristas, y yo mismo he tenido ocasión de ver a alguno de ellos en tales lugares, concretamente en Caracas y hace muchos años, en los tiempos en los que Felipe González gobernaba en España y Carlos Andrés Pérez recogía, en Venezuela, a algunos ‘deportados’ por el Gobierno español.

Quiero decir que, lamentablemente, la Historia y las circunstancias varias han hecho que el concepto que las opiniones públicas -y los gobiernos- de muchos países latinoamericanos tienen de ETA difiera mucho de la realidad. Los etarras han logrado presentarse ante esos países como casi refugiados políticos, y no siempre han sido percibidos como lo que son: unos peligrosos fanáticos y asesinos que han vertido la sangre de más de un millar de personas inocentes, culpables del delito de no pensar como ellos.

Mi simpatía por Hugo Chávez, por sus formas y por su débil concepto de la democracia son nulas, pero pienso que no sería justo culparle a él, que es el obvio villano en todas las representaciones, de amparar el terrorismo de ETA, aunque cierto es que las connivencias entre el terror vasco y las no menos terroristas FARC colombianas, amparadas por el bolivariano, han quedado muchas veces de manifiesto. Y no menos cierto que la dureza en el trato a los terroristas vascos es inexistente, en Venezuela y en varias otras de las naciones mencionadas.

Se hace, en todo caso, cada vez más necesario que, desde diversas instancias españolas, se proceda a una nueva explicación masiva por toda América Latina de lo que en realidad es ETA, un grupo afortunadamente en declive, quizá al borde ya de la extinción, que ha cometido las mayores atrocidades contra todo tipo de derechos humanos, comenzando por la libertad de pensamiento y de expresión y terminando con la vida. Ni siquiera estoy seguro de que Hugo Chávez, en su inmensa ignorancia y simplicidad política, haya llegado a entenderlo demasiado bien. Y ya digo que no lo exculpo ni lo disculpo, ni mucho menos: simplemente, trato de colocar el problema en sus auténticas dimensiones, quizá mucho mayores de lo que sugiere el auto del juez Eloy Velasco.

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