La noticia podría dejar asombrado a quien no tenga buena memoria: el Gobierno ecuatoriano le comprará a la empresa argentina Enarsa el 30% de las acciones que tiene en el proyecto hidroeléctrico Coca-Codo Sinclair. El año pasado esta empresa invirtió en el proyecto alrededor de cuatro millones de dólares como su participación en la empresa mixta argentina-ecuatoriana.
Los presidentes Cristina Fernández y Rafael Correa colocaron la primera piedra simbólica de lo que sería la hidroeléctrica. Por aquellos días los medios de comunicación alertaron sobre la poca probidad e inexperiencia de Enarsa en estos asuntos. Entonces recibimos (y resistimos) un aluvión de descalificaciones e insultos del Presidente de la República.
Ahora el Ministerio de los Sectores Estratégicos dice, además, que la construcción, que debió comenzar en abril de 2009, lo hará en el 2010, posiblemente por la empresa china Sinohydro.
Se trata de la obra estratégicamente más importante del régimen, de gran importancia económica, y en la que se juega su credibilidad.
Tal vez los gurús de la propaganda oficial deberían reconsiderar el diseño de las cadenas presidenciales y gubernamentales. A cada rato arman un alboroto con lo que harán, y que otros no hicieron, y que al final se olvida, pospone u oculta de la opinión pública. La madurez política y cívica de un gobierno se pone a prueba en estos casos y, lo más grave, su credibilidad. Jugar con las ilusiones y expectativas populares puede, más temprano que tarde, pasarles una costosa factura política.